jueves, 3 de mayo de 2012

Excusas, excusas…



Las excusas utilizadas por las personas son muy variadas. Estas se utilizan con amigos, padres, profesores… con el fin de evitar discusiones, broncas e, incluso, peleas.
Como todas las personas, Hugo utiliza excusas,  pero éste abusa mucho y por eso es conocido como EL BOLAS.
Sus excusas son tan famosas que sus compañeros de clase recopilaron las más habituales, graciosas e ingenuas utilizadas por Hugo a lo largo del curso escolar.
Entre unos y otros se turnaban en copiarlas cada vez que se oía la frase: “Otra excusa de EL BOLAS”.
Todas las mañanas llegaba tarde al instituto y siempre que abría la puerta con la clase comenzada, el profesor le miraba enfadado por la interrupción, y Hugo exclamaba: ¡El tren llegó con retrasó!, ¡El autobús no ha pasado por mi barrio!, o ¡A mi madre se le ha averiado el coche y hemos tenido que quedarnos esperando a la grúa! El profesor le disculpaba: “No te preocupes, pasa y siéntate”. Nosotros nos mirábamos sonrientes pensando, pero si vive a unos 200 metros del instituto.
 Sus excusas cuando no hacía la tarea o no entregaba los trabajos correspondientes en la fecha adecuada resultaban chocantes e, incluso, algunas veces eran tan ficticias que parecían ciertas. Una de las excusas que más sorprendidos nos dejó, fue cuando dijo que no había podido traer el trabajo de Lengua debido a que se le cayó de la carpeta a un charco de agua que estaba en el suelo de su casa, porque su madre había estado regando las plantas antes de que él viniese al instituto. La cosa es que nosotros nos quedamos sorprendidos porque Hugo no para de repetir en clase de Biología que su madre es alérgica a las plantas.
Fuera del instituto también era conocido como EL BOLAS. Las excusas las decía en el entrenamiento: “Lo siento pero no puedo correr, me ha dado un tirón en la pierna”; en casa: “Luego lo hago”, cinco minutos después “Ahora voy”, hasta que al final “No me acordaba, se me había olvidado”.
En particular también las decía: “Es que el profesor me tiene manía”, “No nos ha explicado ese ejercicio”, o “Se me ha olvidado el libro en clase”.
Hugo ya era un adolescente demasiado conocido por sus excusas y mentiras como para no resultar creíble a ninguno  de los que le rodeaban. Por eso, sus excusas ya no le sirvieron cuando Hugo se retrasó un día debido a que se había roto un pie al tropezar en la acera, por lo cual no podía andar y por eso llegó tarde a casa. Al llegar se encontró a los padres enfadados por culpa de la tardanza. Hugo les intentó explicar la culpa del retraso, pero sus padres no le creyeron y le mandaron castigado a su cuarto.
Los padres, enfadados con Hugo, no fueron a verle a su cuarto porque estaban aburridos de sus excusas y mentiras.
 A la mañana siguiente estaban todos sentados en la mesa desayunando excepto Hugo. Los padres fueron a ver por qué  no se había levantado, y se encontraron a su hijo tumbado en la cama con el tobillo inflamado y con fuertes dolores.
Automáticamente sus padres le llevaron al hospital, y el diagnóstico médico fue que el tendón de Aquiles  estaba roto, lo que iba a suponer una recuperación lenta y difícil, cosa que no hubiera sucedido si hubiera ido ayer, justo después de la caída.
A partir de este instante Hugo aprendió a hacer las cosas en su momento, a no mentir y a que las excusas se pueden utilizar una vez, pero no una vez detrás de otra.