lunes, 6 de mayo de 2013

Comentario de texto de un fragmento de Madame Bovary / Gustave Flaubert



Madame Bovary / Gustave Flaubert

Entonces Emma trató de conmoverlo, y, emocionándose ella misma, llegó a contarle las estrecheces de su casa, sus dificultades, sus necesidades. ¡Él comprendía esto!, ¡una mujer elegante!, y, sin parar de comer, se había vuelto completamente hacia ella, de tal modo que le rozaba con su rodilla la botina, cuya suela se curvaba humeando al lado de la estufa.
Pero cuando Emma le pidió mil escudos, él apretó los labios, después se declaró muy apenado por no haberse hecho cargo antes de la administración de su fortuna, pues había cien medios muy cómodos, incluso para una dama, de hacer producir su dinero. En las turberas[1] de Grumesnil o en los terrenos de El Havre habrían podido hacer, casi seguro, excelentes especulaciones; y la dejó consumirse de rabia ante la idea de las sumas fantásticas que sin duda podría haber ganado.
- ¿Por qué  -preguntó el notario-  no ha venido a verme?
 - No sé muy bien  -dijo ella.
  -¿Por qué, eh?... ¿Le daba miedo?
 -¡Soy yo, por el contrario, quien debería quejarse! ¡Si apenas nos conocemos! Sin embargo, le tengo mucho afecto; ¿ya no lo pone en duda, supongo?
Alargó su mano, tomó la de Emma, la cubrió con un beso voraz, después la puso sobre su rodilla; y jugaba con sus dedos delicadamente, diciéndole mil piropos.
Su voz sosa susurraba como un arroyo que corre, una chispa brotaba de su pupila a través del reflejo de sus lentes, y sus manos se adentraban en la manga de Emma para palparle el brazo. Emma sentía en su mejilla el aliento de una respiración jadeante. Aquel hombre la molestaba horriblemente.
Se levantó de un salto y le dijo:
 -Señor, estoy esperando.
 ¿Qué?  -dijo el notario, que de pronto se volvió extremadamente pálido:
-Ese dinero.
 -Pero...
Después, cediendo a la irrupción de un deseo demasiado fuerte:
 -Bueno, pues sí.
Se arrastraba de rodillas hacia ella, sin pensar en su bata de casa.
 -Por favor, quédese, ¡la quiero!
La cogió por la cintura.
Una oleada de púrpura subió enseguida a la cara de Madame Bovary. Se echó hacia atrás con una cara de espanto:
 -¡Usted se aprovecha descaradamente de mi desgracia, señor! Soy digna de lástima, pero no me vendo.
Y salió.
El notario quedó estupefacto, con los ojos fijos en sus bonitas zapatillas bordadas. Eran un regalo del amor. Aquella contemplación le sirvió, por fin, de consuelo. Además, pensaba que una aventura semejante le habría llevado muy lejos.

1.- Contextualización de este fragmento dentro de la obra a la que pertenece.
El fragmento comentado se encuentra en la tercera parte de la novela. Emma endeudada y con los mecanismos de la justicia puestos en marcha para la subasta de sus propiedades, ha intentado por todos los medios evitar esta situación. Los continuos préstamos del señor Lheureux, más los intereses, habían abultado la deuda hasta límites ya insoportables para sus acreedores. El recuento de los bienes ya se había efectuado y se había anunciado para que quien quisiera pujara en subasta pública. El pliego con la oferta fue arrancado por Justino. Emma había intentado como último recurso acudir en domingo a Rouen a solicitar ayuda a su amante León para que les prestara dinero o le ayudara a conseguirlo. La mujer suplica a los banqueros de la ciudad, pero no consigue nada de crédito. A la vuelta a Yonville, a la salida de la ciudad, da en limosna los últimos cinco francos al pordiosero que invariablemente asaltaba con sus retahílas a los viajeros de la diligencia, y que tan desagradable resultaba a la mujer.
En esta situación, Felicidad, su criada, le aconseja que visite al notario para ver si la puede socorrer. Emma llega empapada a la casa del funcionario que la recibe mientras está comiendo, acción que no deja mientras ella le desgrana sus necesidades. El señor Guilaume, viendo su estado de necesidad, intenta sobrepasarse, acción que la mujer del médico no permite con mucha dignidad.
La última humillación que está dispuesta a sufrir es pedir auxilio a Rodolfo, el anterior amante que la dejó plantada. Pero éste se encuentra en una situación financiera muy parecida por lo cual sale de su castillo sin ninguna esperanza. Se dirige a la farmacia del señor Homais que atiende Justino, al que convence de que le permita entrar en la rebotica donde la mujer toma arsénico sin que el pobre muchacho lo pudiera evitar. Aquí comienza la agonía dolorosa hasta que muere.
La importancia del fragmento es doble. Por una parte, desde el punto de vista narrativo Emma está sufriendo la humillación pública por el embargo de sus bienes; ya no es capaz de conseguir más crédito y prologar una vida ficticia; sus amantes la desprecian, en el caso de Rodolfo por segunda vez, y la conclusión argumental no puede ser otra que su muerte horrible. Por otra parte, se pone de relieve la dignidad de la mujer al rechazar las proposiciones deshonestas del notario.

2.- Situación de la obra a la que pertenece el fragmento y su autor en su contexto histórico-literario.
Gustave Flaubert vivió en pleno siglo XIX y su novela fue publicada en 1857. El siglo XIX francés, como en general en todos los países, incluida España, fue muy inestable desde el punto de vista político. El hecho determinante en Francia es la influencia de la Revolución acaecida en 1789. Aunque no triunfó, sus ideas siguen alimentado a grupos revolucionarios que no aceptan la monarquía. Así nos encontramos con el último rey Borbón, Carlos X, obligado a abdicar por el levantamiento popular de la revolución de Julio. En ese momento, los más moderados lograron coronar a Luis Felipe de Orleans. Pero en 1848, una nueva rebelión armada puso fin a la monarquía proclamándose la II República. En las elecciones, salió elegido presidente Carlos Luis Napoleón, que una vez acabado su mandato, no pudiendo continuar en el cargo, dio un golpe de estado proclamándose emperador con el nombre de Napoleón III. Este Segundo Imperio se alargó hasta 1870, en el que se gobernó de manera autoritaria. En ese año se proclamó la III República siendo presidente de ella Adolfo Thiers. Este régimen se mantuvo hasta 1940.
Las épocas de desarrollo económico corresponden con la Monarquía de Julio y el Segundo Imperio.
Paralelos a estos acontecimientos y también muy influidos por el espíritu de la Revolución nos encontramos con ideas nuevas por una parte, y por otra, una continuación con los postulados e iniciativas de la Ilustración del siglo XVIII: permanece el espíritu de la Enciclopedia realizando clasificaciones, definiciones… Se crean cuerpos de profesionales competentes, investigadores, profesores… Se perfeccionan los instrumentos de trabajo: laboratorios, fábricas… Francia aporta científicos de reconocido prestigio internacional, como Pastuer, Cuvier, Ampere, Gay-Lussac, Claude Bernard, sobre todo este último, que explica el papel del determinismo en la fisiología, principio fundamental en el Realismo y especialmente en el Naturalismo. Todos ellos debieron influir en Flaubert, que era hijo de médico, y en la concepción de la protagonista de su novela Madame Bovary cuyas reacciones parecen obedecer aquellos principios.
La vida de Gustave Falubert se desarrolla coincidiendo con estos avatares políticos, pues vivió desde 1821 hasta 1880.
Como hijo de un cirujano, tuvo contacto con el mundo de la medicina desde pequeño. Sin embargo, sus estudios no se encaminaron por esa rama de la ciencia, sino por el mundo del Derecho, como uno de sus protagonistas, León, el pasante del notario de Yonville, aunque no acabó estos estudios. Pronto se dedicó a escribir. Se fue a vivir a la casa familiar en Croiseet, cerca de Rouen. También se dedicó a viajar en alguna ocasión. Uno de esos viajes, al norte de África, le sirvió para documentarse para escribir una de las mejores novelas históricas, Salambó, publicada en 1862, donde se recrea el fin de Cartago.
Aunque muchos de los escritores de la época participaron activamente inclinándose por unas ideas o por otras, no es el caso de Flaubert, que no se involucró personalmente en ninguna opción.
Escritor minucioso y muy preocupado por la depuración del estilo, no publicó demasiadas novelas. La primera es precisamente Madame Bovary, en 1957. Antes había trabajado en dos proyectos: La tentación de San Antonio y La educación sentimental; no obstante éstas no verán la luz hasta años después, 1874 y 1869 respectivamente, pues la labor de revisión de los manuscritos era constante por parte de Flaubert.
La creación literaria de éste se enmarca dentro de el Realismo. En el siglo hubo tres grandes movimientos literarios: el Romanticismo cuyo apogeo corresponde con el periodo de la Restauración, aunque su influencia se prolonga en autores realistas como Balzac o el mismo Flaubert; el Realismo que está vigente durante el Segundo Imperio; por fin, el Simbolismo, que domina el último tercio del siglo.
La aportación fundamental del movimiento realista es presentar la novela como un género maduro y moderno, pues durante el Romanticismo la novela no es el género preferido y los escritores no centran en ella todos los esfuerzos artísticos. Con la novela los escritores realistas aspiran a contar la epopeya de su tiempo y especialmente van a reflejar el mundo de la burguesía. Escritores como Stendhal, Balzac y nuestro autor nos presentan un mosaico amplio de esa sociedad francesa de la época, eso sí, cada uno con sus matices y diferencias en la expresión narrativa. Dos son las diferencias fundamentales de Flaubert con respecto a los anteriores novelistas: su mayor objetivad en la narración evitando juzgar o sacar conclusiones del comportamiento de los personajes y una preocupación obsesiva por la depuración estilística. Con este autor la novela se consagrará definitivamente como género literario.

3.-Análisis del contenido y forma del texto (tema o temas; estructura, tipología textual, género y rasgos estilísticos)
El tema fundamental es la dignidad con la que Emma es capaz de salir del acoso sexual sufrido por parte del notario, que cree que la mujer puede acceder a colmar su pasión amorosa a cambio de sacarla del atolladero financiero en el que se ha metido.
El episodio de humillación de la protagonista es otro más de los que está sufriendo como consecuencia de su desordenada vida. Es la parte donde, simplemente desde un punto de vista narrativo, se pone de manifiesto el valor moral del mensaje final de la obra. Sin embargo, por parte del narrador hay un atisbo de simpatía hacia la protagonista que al final  no sucumbe a la indignidad pasional de una persona tan respetable como un notario.

En cuanto a la estructura externa, el texto es un fragmento de la tercera parte de la novela Madame Bovary, en la que predomina obviamente la narración, la descripción y el diálogo.

El fragmento lo podemos dividir en tres partes –estructura interna. La primera sería el párrafo primero, de la línea 1 a la 10, que se centra en la exposición de los motivos de la visita, la descripción sobre todo de la actitud que adopta el notario y de cómo éste se aprovecha para herirla más profundamente al decirle a la mujer que su dinero en sus manos se habría multiplicado. La segunda iría desde la línea 11 hasta la 36, en la que predomina el diálogo en el que se recrea el acoso sexual que sufre Emma y el rechazo de ésta a tales proposiciones. La última parte, de la línea 37 hasta el final, que es la reflexión final del notario, que se consuela pensando en el vuelco que hubiera dado su vida si la mujer hubiera aceptado tal chantaje.

Como se ha dicho antes, el discurso predominante es el narrativo –tipología textual. La novela narra –y también describe- la vida matrimonial de dos personas y la infidelidad de la mujer en un pueblo francés a mediados del siglo XIX. En este caso se narra y describe la visita de la protagonista al notario para conseguir dinero con el que paralizar una subasta de sus bienes. Ya se ha dicho que también hay descripción, discurso complementario en la novela, como es la descripción de las reacciones del notario, líneas 2 y 3 “…de tal modo que le rozaba con su rodilla la botina, cuya suela se curvaba humeando al lado de la estufa”. Y sobre todo en las líneas 18 a 21, “Su voz sosa susurraba como un arroyo que corre, una chispa brotaba de su pupila a través del reflejo de sus lentes, y sus manos se adentraban en la manga de Emma para palparle el brazo. Emma sentía en su mejilla el aliento de una respiración jadeante. Aquel hombre la molestaba horriblemente”. Además, hay diálogos en estilo directo, introducidos con un guión y apostillados por el narrador en cuanto a la actitud del personaje que habla.

El texto pertenece al género narrativo, al subgénero novelístico. Las características resaltadas al hablar de los discursos nos sirven también para definir las novelas. Habríamos de añadir la presencia de un narrador, que es la voz con la que el autor cuenta la historia. Aunque la obra presenta numerosos puntos de vista narrativos, el predominante es el del narrador omnisciente en tercera persona, con una actitud notablemente objetiva comparando esta novela con otras de autores realistas. Además, hemos de mencionar el uso del tiempo, tanto externo –la acción se sitúa en el momento en el escritor vivía- e interno: cómo se estructuran los hechos en el transcurso del tiempo –hay capítulos que resumen un año de vida de los protagonistas; otros, se centran en lo que pasa en unas horas- y cómo afecta el paso del tiempo en los protagonistas: una hora de relación de Emma con Rodolfo, cuando sale temprano de su casa para reunirse con el amante en el castillo, supone para ella el culmen de felicidad. Hay que decir, por último, que los escritores realistas son los forjadores de la novela tal como hoy la conocemos.

Los rasgos estilísticos.
Técnica narrativa. Ya hemos comentado varios aspectos relacionados con los elementos propios de la narración y su tratamiento: acción, espacio, tiempo y narrador. Profundizaremos en la riqueza técnica desde el punto de vista narrativo y los personajes.
El punto de vista narrativo que predomina es el propio del autor omnisciente. Narra en tercera persona y su comportamiento es la de un demiurgo con respecto a los personajes: conoce todo de ellos. Sin embargo, no es tan habitual como en otros escritores realistas, la participación directa del narrador en la obra valorando o interpretando lo que sucede en el relato. Esto no quiere decir que Flaubert sea objetivo, pues selecciona lo que quiere contar y pondera o atenúa comportamientos o actitudes de los personajes. Con ser ésta ya una diferencia, la menor participación del narrador en el relato con respecto a otros escritores de la época, la más importante de las aportaciones de Flaubert es la riqueza de matices expresivos que aporta el uso del estilo indirecto libre[2], no nuevo pero sí utilizado aquí magistralmente. Mediante este procedimiento narrativo se pasa de manera sutil del discurso del narrador a los pensamientos, reflexiones de los personajes, como si éstos fueran los que exponen su discurso. En el texto propuesto para comentario tenemos varios ejemplos, como en las líneas 5 a la 9: después se declaró muy apenado por no haberse hecho cargo antes de la administración de su fortuna, pues había cien medios muy cómodos, incluso para una dama, de hacer producir su dinero. En las turberas de Grumesnil o en los terrenos de El Havre habrían podido hacer, casi seguro, excelentes especulaciones. O un poco antes, en la línea 2: ¡Él comprendía esto!, ¡una mujer elegante!
En cuanto a los personajes, nos encontramos a la protagonista, a Emma, en el momento en que su sueño romántico se ha roto y ha de enfrentarse a la dura realidad de salir del atolladero que supone el embargo de sus bienes para pagar las deudas que ha ido contrayendo. El otro personaje que aparece es el del notario, el señor Guillomin. En su despacho se formalizaban los préstamos y los poderes notariales que su marido otorgaba para que ella fuera la administradora única de la hacienda doméstica. Por tanto sabía cuál era la situación personal de Emma e intenta aprovecharse ella. Es un personaje menor en el desarrollo de la novela, pero que sirve para reflejar la inmoralidad de este personaje burgués.
La novela presenta una galería importante de personajes que reflejan distintos sectores de la burguesía, personajes que no son muy diferentes de la familia del propio autor o de gente que muy bien pudo conocer él por el entorno donde su vida se desarrolló.
Los hombres que rodean a Emma son: Charles Bovary, un mediocre médico rural, feliz él, pero que no es capaz de comprender las veleidades de su esposa, por la cual se deja dominar, del mismo modo que se dejó dominar por su anterior mujer o su misma madre; Rodolfo, su primer amante, dueño de un lujoso castillo; y León, un romántico abogado. Los dos amantes se van a ver intimidados ante la iniciativa amorosa de Emma.
Otro personaje fundamental en la novela, a partir de la segunda parte, es el farmacéutico, el señor Homais, un personaje mediocre también desde el punto de vista profesional y sin escrúpulos que acabará siendo el gran triunfador del conjunto de personajes que viven en la novela, pues se le concederá la Legión de Honor. 
En cuanto a los recursos expresivos, es llamativo el acierto en su uso: es una muestra del anhelo y la búsqueda de una expresión cuidada y artística. Comentaremos algunos de ellos en las próximas líneas.
En la línea 2 encontramos una serie de paralelismos que constituyen una enumeración y además un asíndeton: …llegó a contarle las estrecheces de su casa, sus dificultades, sus necesidades. Esa enumeración a la que no se pone término con la presencia de un nexo entre el penúltimo y el último término, ahonda más en la situación difícil en la que se halla la protagonista al no tener fin sus desgracias. A continuación, con unas frases exclamativas: ¡Él comprendía esto!, ¡una mujer elegante! , en estilo indirecto libre, la protagonista expresa su convencimiento de que ante su situación tan dramática, el notario no podría negarse a ayudarla.
En el discurso, también en estilo indirecto libre, del notario incluye éste una hipérbole para atormentar aún más a la dama, pues si ésta se hubiera puesto en sus manos sería rica, como si fuera una invitación no solo a que él administrara su dinero, sino también a que ella misma se entregara a él: …pues había cien medios muy cómodos, incluso para una dama, de hacer producir su dinero, en las líneas 6 y 7.
Recurso propio de la descripción, encontramos el siguiente símil, línea 18: Su voz sosa susurraba como arroyo que corre… Además encontramos una aliteración en ese –S- y erre –R- que reproduce el soniquete y rumor monótono con el que el notario –río- acosaba a Emma. Como parte descriptiva, el tiempo verbal que se usa es el pretérito imperfecto, con el cual la acción casi no avanza y se logra prolongar la situación de acoso que sufre la mujer.
Muestra también de una búsqueda casi poética en la expresión es la construcción metafórica que utiliza para describir la reacción física de Emma ante este acoso, en la línea 32: Una oleada de púrpura subió enseguida a la cara de Madame Bovary.

4. Valoración personal de la obra.
Una obra de esta entidad da lugar a muchas reflexiones. Se comentarán algunas consideraciones que sin duda se plantearán muchos lectores.
La primera es que la novela refleja la situación social de Francia del siglo XIX. A mí me ha llamado la atención que las costumbres son muy parecidas a las de España, no en vano son dos países católicos. Los ritos religiosos y su influencia en la vida de las personas son muy similares en los dos. Los modos de vida del médico y del farmacéutico, su forma de ejercer la profesión y su influencia en el entorno rural donde viven, son casi los mismos que hemos visto en los pueblos españoles hasta hace no muchos años.
En cuanto a los temas que se plantean podemos decir que son universales y atemporales. El valor del dinero y otros aspectos relacionados con él: la avaricia, la usura, el anhelo no satisfecho de comprar y gastar, el lujo,… Podemos ver el desarrollo de estos temas a lo largo de numerosas páginas de esta novela.
Me centraré en dos temas: las dificultades de la relación de pareja y el adulterio, tal vez como consecuencia. Está claro que la relación de los personajes es conflictiva desde el principio, desde la primera noche de recién casados. Diríamos que van al matrimonio sin haberse conocido lo suficiente por el amor exaltado que sienten los dos, aunque con matices diferentes: Emma anhela encontrar un hombre que se ajuste al modelo de amante que se había formado leyendo novelas románticas y que la saque del ambiente rural en el que vive; Carlos, porque desde la primera vez que la ha visto se ha enamorado de ella, y no ha sido capaz de observar detalles significativos de la personalidad de la muchacha: su excesiva imaginación, su desarrollada sensibilidad, su poca preocupación por las cosas prácticas de la vida…, detalles no menores en una relación matrimonial. Sin esperanza en que su vida cambie, la resistencia ante las tentaciones de la infidelidad no es lo suficientemente fuerte como para vencerlas. Es verdad que es capaz de resistir la tentación de la primera relación amorosa con León, pero probablemente se debió a la pusilanimidad del amante o al propio juego amoroso de un planteamiento platónico que Emma prolongó excesivamente. Cuando lo vuelva a encontrar en Rouen tres años después, León será otro y las resistencias de la mujer del médico no serán capaces de oponerse a la decisión vehemente del amante de que ésta vez la iniciativa la tomaba él. 
En cuanto a los personajes, Flaubert los presenta tal cual son, sin valorarlos, aunque por el papel que juegan en el relato, muy pocos salen bien parados. La mayor parte de las veces, los hechos y el desarrollo de la vida de los personajes son lo suficientemente claros para comprobar el vínculo afectivo del narrador con ellos, como por ejemplo, el caso del señor Homais, el farmacéutico. Es un personaje antipático por su capacidad para el engaño, el disimulo… todo con el fin de conseguir su interés. Anodino y petulante, será capaz de medrar en la vida. La máxima cota que alcanza es ser condecorado con la Legión de Honor, momento en que finaliza la novela. Cuando todos los personajes han muerto, él es el que sobrevive y el éxito le acompaña.
En este sentido, por la propia concatenación de los hechos narrados, da la sensación de que Flaubert salva a sus dos personajes principales. Emma busca en el suicidio una salida, eso sí, casi irremediable; pero lo afronta con dignidad aguantando la agonía y preparándose para la muerte ordenando su alma, despidiéndose de Berta y al lado de Carlos, que no se separa de ella. Por otra parte, Carlos muere también con dignidad: no se aparta de su hija, no permite que se lleven nada de su esposa e, incluso, éste se contagia de la personalidad de su mujer, a la que nunca culpa de las infidelidades, como tampoco siente rencor hacia sus amantes. Tal vez el lector siente piedad y se lamenta por la suerte de Berta, la hija que nunca fue querida de la madre y que sufre las consecuencias de los desórdenes de sus padres al quedarse sola en la vida y tener que trabajar en una fábrica. Todos los demás personajes, por los hechos que se cuentan de ellos, son despreciados por el narrador: los dos amantes se les muestra insensibles a la desgracia de Emma y preocupados en sus intereses: la caza, en el caso de Rodolfo; León, contrayendo un matrimonio y accediendo al cargo de notario. El mismo personaje del notario, aquí en el texto comentado, se le presenta como un indecente al intentar aprovecharse de la situación de la mujer.
Madame Bovary es una novela que ha ejercido una influencia decisiva primero en los escritores realistas de todos los países y posteriormente en la novela del siglo XX. En España es clara esa influencia en escritores realistas como Clarín con La Regenta y en Benito Pérez Galdós, en las novelas La desheredada y Fortunata y Jacinta. En todas ellas de alguna manera el motor de la acción es el adulterio, aunque motivado por razones diferentes. Madame Bavary es el modelo de estas novelas psicológicas, aunque el planteamiento narrativo sea muy diferente en todas ellas. Emilia Pardo Bazán, en La cuestión palpitante, en 1882, realiza un estudio sobre Flaubert en el que se reconoce la labor creadora del autor francés y su influencia en España.
Posteriormente, en la Generación del 98, la influencia de Flaubert en Unamuno es evidente en Andanzas y visiones españolas, en las que se muestra la estupidez humana con claros tintes escépticos. El estilo de Flaubert es un modelo para Azorín, por su preocupación por la forma y la depuración de la expresión lingüística.
También es digna de señalar la fascinación que el autor francés ejerció en Mario Vargas Llosa, el último premio Nobel, que se dedicó a estudiar su obra. Fruto de ese trabajo es La orgía perpetua. En esta obra, el autor señala la influencia del autor de Madame Bovary en obras objetivistas de la literatura española de los años 60, como por ejemplo en El Jarama, de Sánchez Ferlosio.
La obra ha sido adaptada al lenguaje cinematográfico en numerosas ocasiones. He aquí algunas:
-En 1932, Albert Ray realizó la primera versión.
-La más notable de estas adaptaciones fue la película de 1949 dirigida por Vincente Minnelli,  protagonizada por Jennifer Jones. El filme es una crítica de los falsos valores de la burguesía rural francesa del siglo XIX. Minnelli introdujo un prólogo y un epílogo en el que el propio escritor, interpretado por James Mason, se convertía en el narrador de la historia.
-También fue adaptada por Giles Cooper para la BBC en 1964. El mismo guión se utiliza para una nueva producción en 1975. Hay una nueva adaptación de la miniserie  para la BBC, protagonizada por Frances O'Connor, Hugh Bonneville y Hugh Dancy, en 2000 realizada por Heidi Thomas.
-Claude Chabrol hizo su versión protagonizada por Isabelle Huppert en 1991.
-El director indio Ketan Mehta adaptó la novela en una película de 1992.
 -Madame Blueberry es una película de 1998 en la serie animada Veggietales. Se trata de una parodia suelta de Madame Bovary, en la que la señora Blueberry, un antropomorfo de arándanos, recoge los bienes materiales en un vano intento de encontrar la felicidad.
- Las razones del corazón (2011), dirigida por Arturo Ripstein , es una versión libre de Madame Bovary que abarca los capítulos que van desde la debacle física y espiritual de Emma Bovary hasta su suicidio, y surge del interés en trabajar sobre el recuerdo, sin hacerlo minuciosamente sobre el texto.





[1] Yacimientos de carbón mineral.
[2] Es un estilo narrativo en el que se insertan en la voz del narrador enunciados propios de un personaje, que se reconocen mediante marcas que descartan la vinculación de ese registro del lenguaje o punto de vista con el narrador. En el enunciado del narrador aparecen interferencias e hibridaciones del discurso propio de los personajes, insertando en el relato fragmentos de su discurso que no son introducidos expresamente mediante marcadores o conectores (verbos de palabra y pensamiento o nexos introductorios del enunciado). No se debe confundir el estilo indirecto libre ni con las técnicas del monólogo o monólogo interior ni con la cesión de la palabra del narrador a la de los personajes mediante las tradicionales técnicas del estilo directo y el estilo indirecto.