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Comentario de texto de un fragmento del capítulo VII de Los pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán.

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[…] Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes. - Pero, señor... - balbució -. Si usted mismo lo conoce y lo comprende...   -¿Pues no lo he de comprender? ¿Soy estúpido acaso para no ver que esa desvergonzada huye de mí, y cada día tengo que cazarla como a una liebre? ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta. A la hora menos pensada me envenenará. - Señor marqués, ¡yo me pasmo! - arguyó el capellán eficazmente -. ¡Que usted se apure por una cosa tan fácil de arreglar! ¿Tiene más que poner a semejante mujer en la calle? Como ambos interlocutores se habían acostumbrado a la oscuridad, no sólo vio Julián que el marqués meneaba la cabeza, sino que torcía el gesto. - Bien se habla... - pronunció sordamente -. Decir es una cosa y hacer es otra... Las dificultades se tocan en la práctica. Si echo a ese enemigo, no encu...

Comentario crítico de la columna Juguemos de Elvira Lindo

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Juguemos Jugar en la calle. Jugar en grupo. Esa es la actividad extraescolar que un grupo de educadores y psicólogos americanos han señalado como la asignatura pendiente en la educación actual de un niño. Parecería simple remediarlo. No lo es. La calle ya no es un sitio seguro en casi ninguna gran ciudad. La media que un niño americano pasa ante las numerosas pantallas que la vida le ofrece es hoy de siete horas y media. La de los niños españoles estaba en tres. Cualquiera de las dos cifras es una barbaridad. Cuando los expertos hablan de juego no se refieren a un juego de ordenador o una playstation ni tampoco al juego organizado por los padres, que en ocasiones se ven forzados a remediar la ausencia de otros niños. El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces para sobrevivir. Esto no significa que el ordenador sea una presencia nociva en sus vidas. Al contrario, es un...

Comentario del texto "Sexismo y lenguaje", de ÁLVARO GARCÍA MESSEGUER, en Lenguaje y discriminación sexual, Ed. Cuadernos para el Diálogo.

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Una madre relata a sus amigos el caso de su hija de doce años, que, con ocasión de encontrarse junto a un río con otros pequeños, y habiendo caído uno de éstos al agua, se lanzó valerosamente a la co­rriente y salvó su vida. La madre, orgullosa, termina su relato con esta frase admirativa: «Desde luego, mi hija se ha portado como un...» LLegada aquí, la madre titubea y termina diciendo: «se ha portado fantásticamente». ¿Qué ha pasado en esta hablante? El lec­tor lo habrá imaginado. (¿Por qué el lector y no la lectora?) Su primer impulso fue de­cir «como un hombre» o «como un verda­dero hombre», pero enseguida comprendió que la expresión no cuadraba. Intentó sus­tituir «hombre» por «mujer», pero el resul­tado no era el que ella quería. Al final, tuvo que recurrir a otra frase. Una persona ofendida escribe al director de una revista: «Espero de su caballerosi­dad que usted publicará esta carta...». Pero el director de la revista resulta ser una mu­jer, cosa que ignora qu...