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Mostrando las entradas etiquetadas como NARRACIONES.

Una pequeña historia de película

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Siempre que mi abuela me contaba esta historia, mi abuelo sonreía y la miraba como si el tiempo retrocediese de repente y volviesen aquellos años, duros por el hambre pero llenos de esperanza. Mi abuela, trabajaba de costurera para una modista que le pagaba lo justo para ayudar en casa, pero como era una soñadora y no tenía estudios para leer, se guardaba una pequeña parte, y todos los sábados por la tarde iba al cine y de paso que soñaba con las estrellas del celuloide, se paseaba   mirando las tiendas de la zona más rica de la ciudad. “Así, hijo mío, copiaba los modelos de los maniquís y sobre todo me quedaba embobada viendo los dulces y los bombones de las pastelerías”. “El día que conocí a tu abuelo, seguía contando, había ahorrado para ver una película que nunca olvidaría, por la historia en sí y porque el azar había puesto el amor en mi camino”. Tengo que reconocer que no he visto “Carta a una desconocida”. Una historia de amor tan intensa, que aquella tarde al salir del...

Marta

10 de Enero de 1988. Acababa de llegar con mi amiga Marta a Bruselas. Cuando salimos del aeropuerto, nos dispusimos a coger un taxi para ir a nuestro hotel. Al día siguiente debíamos ir a clase. Éramos nuevas en la universidad. Una vez en la habitación, colocamos toda nuestra ropa en los armarios. Cenamos un poco y nos fuimos a la cama temprano. A la mañana siguiente nos levantamos y fuimos a la universidad. ¡Cuánta gente!, y eso no era lo peor, ¡éramos las únicas españolas! Bueno, para algo nos sirvieron los seis años de francés del instituto… El día nos fue bastante bien, nos presentamos como veinte veces, varios chicos nos quisieron guiar ( un poco sueltos estos belgas ), no nos perdimos … ¡eso fue un milagro! 31 de enero de 1988. Nos había ido muy bien el mes, habíamos obtenido muy buenas notas, habíamos hecho muchas amistades y nuestro francés había mejorado. El último día de exámenes, Marta y yo decidimos ir a un bar y celebrar lo de las notas. Habíamos pedido un refresco de col...

Verbo, el jefe.

(Los personajes de esta narración son las palabras de la oración) Un importante empresario, Verbo, era jefe de varias empresas, y su misión era muy dura, pues siempre tenía que indicar cómo habían de funcionar todos sus trabajadores. En sus empresas había buenos empleados: adverbios, sustantivos, adjetivos… Los adjetivos siempre decían que era majo, pero muy duro como jefe.  Los adverbios estaban de acuerdo con los adjetivos, y recalcaban además  que era muy simpático. El papel que cumplían los sustantivos y pronombres siempre estaba cubierto, pues cuando le fallaba un sustantivo estaba presente un pronombre, y cuando le fallaba un pronombre, estaba el sustantivo. Una de las empresas de Verbo estuvo a punto de ser cerrada porque los pronombres quisieron destacar y sustituir siempre a los sustantivos, no solo cuando era necesario. Se pusieron a realizar su trabajo más el de los sustantivos, lo que llevó a que las tareas resultaran redundantes, ya que ambos desempeñaban ...

MIRADAS QUE MATAN.

Andrea , una chica aparentemente normal, estudiaba en un instituto de Santander. En clase la marginaban porque era un poco rara y todos se metían con ella. Un día por la tarde, en casa, su frustración la llevó a imaginar que quizás sería capaz de matar con su mirada. No lo pensó dos veces y lo probó con su perro, quien tampoco nunca la había querido demasiado. Con todas sus fuerzas clavó su mirada fijamente en los ojos del animal y… ¡funcionó! El perro estaba muerto. Al día siguiente, cuando llegó a clase, otra vez la misma historia. Los compañeros la empezaron a insultar, pero esta vez no consiguieron molestarla porque tenía un arma secreta que los demás desconocían: sus nuevos poderes. En el cambio de clase se quedó mirando fijamente a la compañera que más odiaba, que más se metía con ella y… ¡se cayó al suelo! Todos los alumnos que se encontraban allí se quedaron perplejos ante lo ocurrido, nadie comprendía lo que la había pasado. La chica fue trasladada al hospital en estado de ...

Un cuento para dos.

Era una tarde de verano. Elena estaba en su casa como todas las tardes, viendo su película favorita e imaginando su vida de esa manera. Mientras que en la otra zona del mundo, Óscar veía la misma película, y pensaba que cómo la gente podía creer en esas historias. Los dos estaban solteros, pero cada uno veía la vida de manera distinta. Ella veía la vida como una película: tarde o temprano encontraría a una persona especial. Mientras que él pensaba que esas cosas eran una tontería. Por eso, Elena , viendo que aquí no había tenido suerte en el amor, se fue hasta el otro lado del mundo. Allí, se enamoré de la primera persona que vio. Era el guía que los iba a acompañar durante todo el viaje. Se llamaba Óscar . Elena pensaba que ese chico era perfecto: alto, rubio, ojos azules... Mientras que él pensaba que esa chica era ideal, y se acercó a hablar con ella. Él le preguntó: ¿Qué tal el viaje?¿Has llegado muy cansada? Ella le respondió: Sí, estoy soltera. Perdón, ejem ... el viaje muy b...

La sombra de los recuerdos

Aquí estoy sentado en mi butaca, rodeado de mis recuerdos. Muchos de ellos son remordimientos. Pero hay uno sobre todo que me persigue hasta en sueños. Es ése cuando cometí un gravísimo atentado contra la vida de mi madre, la asesiné. Ahora mismo estoy volviendo a recordar esos momentos. -Hola mama,- dije al entrar a casa, y mi madre contestó: -¿Qué tal hijo? La cena está hecha desde hace un buen rato, ¡está fría! El día que vuelvas a llegar tarde no te la vuelvo a dar. No le contesté ni le dije nada, solamente fui a la cocina a ver lo que me había preparado, pero la sorpresa fue mayúscula cuando levanté la tapa que cubría el plato y vi que estaba vacío. Se me pasaron muchas cosas por la cabeza, pero sobre todo la de aquellas noches que mis padres me dejaban sin cenar y hasta el día siguiente no probaba bocado.Fui en busca de mi madre pero ya estaba dormida. Me puse muy nervioso y busqué mis pastillas, pero no las encontré en el cajón de mi cuarto, que es donde las suelo dejar siempre...

Cruces en el Camino

La verdad es que en toda nuestra vida nos vemos en muchas situaciones en las que tenemos que decidir lo que vas a hacer. Antes de nacer, tus padre ya han decidido que nombre te van a poner, más adelante deciden a qué colegio vas a ir y tú, con qué amigos vas a estar; después decides el equipo de fútbol o el deporte que te gusta. El instituto, a la chavala con la que quieres estar (todo esto si ella quiere) y muchas otras decisiones que no puedo contar. Hace varios años, tenía una gran oportunidad de jugar en dos equipos extranjeros de fútbol, o bien quedarme en el que estaba. Yo quería jugar en un equipo grande pero, por otra parte, no podía abandonar a mis padres, a la familia, a mis colegas... Y no sabía qué hacer. ¡ Ah ! Se me olvidaba: tengo novia y no quería que me fuese; quería que me quedase a toda costa. Me acuerdo de una conversación que tuve con ella. Yo: A ver, no me puedo quedar, es una gran oportunidad. Ella: ¡ Ah ! Y nos vas a dejar a todos por un estúpido club. Si te...

Cada vez que te veo

El primer día de escuela estaba muy nerviosa, no conocía a nadie. Estaba sentada en primera fila, cuando de repente entró en mi clase un ángel: él era el chico de los sueños de cualquier chica. Yo, como soy una persona muy tímida y vergonzosa, enseguida me puse colorada. Como era nueva, me hicieron salir al encerado delante de toda la clase. Yo no quería, pero al final me convencieron. Salí y me presenté con las siguientes palabras: “Hola me llamo Ainara . Tengo 15 años” Y no supe que decir más. Entonces comenzaron a hacerme preguntas. Cuando terminaron las clases iba caminando hacia mi nueva casa y cuando más distraída estaba, vi a Marco. Os preguntaréis quién es Marco, ¿no? Pues el ángel que conocí horas antes. Cuando le vi me puse muy nerviosa, eché la mirada abajo y continúe andando. Al pasar por su lado se me quedó mirando y me dijo: -Perdona, ¿tú vas a mi clase? Yo me giré, me le quedé mirando y le contesté: -Sí, soy Ainara . -¿Vives en este vecindario? Le contesté que sí y ...

La otra cara

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Amistades verdaderas, eso es lo que tenía hasta hace un tiempo, o eso pensaba. Todo empezó aquel día, uno de esos normales en lo que haces lo de siempre. Cuando salí de casa vi que hacia un buen día, salí a dar un paseo con una amiga a la que conocía hace mucho pero ya pocas veces veía. No hablábamos de nada y todo estaba en silencio. Llegamos a la playa que estaba mas vacía de lo normal aunque seguía siendo tan bonita como siempre, con su cálida arena y su mar azul. Nos sentamos a descansar y poco después mi amiga se quedó dormida ya que un rato antes parecía agotada. Yo estaba sentada cuando vi que una carta estaba tirada en la arena, debía ser de mi amiga ya que estaba cerca de su bolsillo. La iba a guardar pero me entró curiosidad por verla. La leí y en ella ponía cosas horribles. La que parecía mi amiga no era mas que una farsante que me criticaba a las espaldas. Quizá me lo hubiese esperado de otra persona pero jamás de ella. Cuando despertó, ya me había ido y lo único que la dej...

El sueño.

De repente sonó el despertador, todo parecía normal pero había un extraño silencio que me estremecía. Rápidamente salté de la cama y me dirigí hacia la cocina; no me dio tiempo ni a ponerme las bonitas zapatillas rosas que me había regalado mi madre por mi cumpleaños. Cuando mis pies tocaron el frío suelo, un escalofrío recorrió mi cuerpo: mamá no estaba. Corrí de nuevo a mi cuarto, cogí el móvil de encima de la mesita y rápidamente marqué su número. Nadie contestaba al otro lado. “¡Qué extraño!”, pensé y me dirigí hacia la ventana. Mamá siempre sacaba a Toby a esas horas. ¡Cuál fue mi sorpresa! No había nadie en la calle, ni coches, ni peatones que se dirigieran hacia el parque a pasear con sus perros o a correr alrededor de los grandes árboles. Me vestí rápidamente, aun no podía creérmelo: ¡No había nadie! Salí a la calle, dispuesta a encontrar a alguien. Corrí hacia la parada de autobús; normalmente Carla y Laura me esperaban para ir juntas al colegio, pero no estaban. No podía cree...

Otro difícil día

Entrando en el lúgubre salón, marcado por el pestilente olor a humedad y continuo encerramiento, se encuentra él, sentado como de costumbre en su aterciopelado sillón granate. No hay nada que decore el cuarto. Únicamente seis viejos libros que tal vez usó en su juventud. Está pensando cómo sobrevivir un maldito día más en esta vida cruel. Pálido de rostro y de débil complexión. Su cara, de extraña expresión, refleja el pasar de los años en una vida de sufrimiento. Sus pequeños ojos negros, sus escasos pelos canosos y bastante largos, que cuida con gran cariño; sus orejas grandes y con arrugas, al igual que su nariz. Cargado de espalda, el viejo hombre hace lo posible por no desfallecer en el intento de levantarse. Aburrido, decide tomar un tibio café a modo de cena y se dirige lentamente hacia su cuarto. Mañana será otro difícil día... de lúgubre salón. Bruno Gómez Mediavilla

Feliz día

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Era casi media noche. Ana estaba tumbada en la cama, boca abajo, tapada con las mantas hasta la cabeza, como en una tienda de campaña. En una mano tenía una linterna y sobre la almohada había un reloj destartalado y muy pesado. Ana sólo oía el martilleante y sostenido tic- tac ; esperaba ansiosa que el reloj marcase las doce. Pensó que el tiempo pasaría más rápido si hacía algo. Cogió su diario, un bolígrafo y se decidió a escribir. Ana recorría las páginas de su diario con la punta de su pequeño bolígrafo rosa. Al otro extremo del bolígrafo colgaban sedosas plumas violeta. Ana estaba cayendo dormida entre sus blandas y aterciopeladas sábanas. Cuando quiso darse cuenta ya eran las dos de la madrugada. Cogió de nuevo su diario y con su dulce bolígrafo escribió: “YA TENGO 15 AÑOS”. Amanda Díaz .