Una pequeña historia de película
Siempre que mi abuela me contaba esta historia, mi abuelo sonreía y la miraba como si el tiempo retrocediese de repente y volviesen aquellos años, duros por el hambre pero llenos de esperanza. Mi abuela, trabajaba de costurera para una modista que le pagaba lo justo para ayudar en casa, pero como era una soñadora y no tenía estudios para leer, se guardaba una pequeña parte, y todos los sábados por la tarde iba al cine y de paso que soñaba con las estrellas del celuloide, se paseaba mirando las tiendas de la zona más rica de la ciudad. “Así, hijo mío, copiaba los modelos de los maniquís y sobre todo me quedaba embobada viendo los dulces y los bombones de las pastelerías”. “El día que conocí a tu abuelo, seguía contando, había ahorrado para ver una película que nunca olvidaría, por la historia en sí y porque el azar había puesto el amor en mi camino”. Tengo que reconocer que no he visto “Carta a una desconocida”. Una historia de amor tan intensa, que aquella tarde al salir del...