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Comentario crítico de la columna Déjeme ver, de Juan José Millás

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Déjeme ver. Juan José Millás Ahora mismo hay miles o millones de personas en otros tantos probadores de grandes almacenes intentando encajar su cuerpo en unas prendas que seguramente no les quedan bien. Se contemplan en el espejo, tiran de aquí y de allá a ver si la cosa tiene arreglo mientras el traje viejo cuelga de una percha de la pared como una mortaja. Millones de personas encerradas en esa especie de ascensor inmóvil llamado probador se desabrochan la blusa o la camisa aquí o en Londres o en París, también en Nueva York o en Tokio, se desabrochan la camisa o la blusa, decíamos, con la expresión cansada del que, más que un trapo, parece que se prueba la realidad. La realidad, excepto para el que puede permitirse el lujo de hacérsela a medida, cae mal, muy mal. Hay millones de personas en todo el mundo quitándosela y poniéndosela desconsoladamente, al borde de las lágrimas. A veces, abandonas el probador con la realidad puesta y el vendedor te dice que ajustando un poco lo...

Comentario de texto de un fragmento del acto II de La conjuración de Venecia / Francisco Martínez de la Rosa

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RUGIERO.-  Cálmate, amor mío... ¿por qué te afliges hasta ese punto?... LAURA.-  Mi madre..., mi pobre madre... ¡qué diría la infeliz, si viviese! RUGIERO.-  Tendría lástima de nosotros y nos perdonaría... Tú por lo menos tienes el consuelo de haberla conocido, de haber pasado tu niñez a su sombra; tú recuerdas su rostro, su acento, sus caricias... a la hora de su muerte, te dejó en los brazos de un padre... ¡pero yo, yo, infeliz de mí, desde que abrí los ojos, no he tenido en el mundo a quien volverlos! LAURA.-  ¡Cómo queman tus lágrimas, Rugiero! Deja, déjame; yo las enjugaré con mi mano... RUGIERO.-  Solo, huérfano, sin amparo ni abrigo... sin saber a quiénes debo el ser, ni siquiera la tierra en que nací... ¿Por qué me amas, Laura, por qué me amas?... ¡Basta que seas mía, para que seas desgraciada! LAURA.-  Más quiero contigo todas las desdichas juntas que lejos de ti todos los bienes de la tierra... Mira, Rugiero, con toda mi alma te lo digo...