sábado, 28 de abril de 2012

ARGUMENTO DE MADAME BOVARY DE GUSTAV FLAUBERT

CAPÍTULO I.
Se centra en la formación escolar de Carlos Bovary. Hasta los 15 años el encargado de su formación es el cura del pueblo. A esa edad lo meten en un internado. Allí la experiencia no es muy buena pues sus modales rurales llaman la atención del resto de compañeros y llega a sufrir lo que podríamos llamar acoso escolar, aunque por la personalidad del muchacho, esos comportamientos no hacen mella en él. Después de superar el bachillerato, estudia medicina titulándose como médico sin ser brillante ni comprender muy bien los conocimientos estudiados.
También se presenta a sus padres. La que lleva un poco de control en la hacienda familiar es la madre, pues su marido es un manirroto y despreocupado: con poco que se hubiera esforzado hubiera logrado una posición económica desahogada, pero como se dio a la buena vida, tan solo pudieron ir tirando.
Una vez acabada la carrera de medicina, su madre le buscó un destino para ejercerla en un pueblo llamado TOSTES y además le casó con una viuda de 45 años y con unas rentas que le permitirían vivir bien. Sin embargo, su mujer ELOÍSA, le hacía trabajar y le controlaba el desempeño de su oficio.

CAPÍTULO II.
Conoce a EMMA, a cuyo padre Carlos trata una pierna fracturada, por lo cual le está agradecido de por vida. Una vez repuesto el enfermo, el médico continúa visitándolo solo con el objeto de ver a Emma. Esta vive en casa acomodada, propia de un labrador rico, como era su padre. Ella ha sido educada en un colegio de monjas, en las Ursulinas. Pronto la mujer del médico se percata de que esas visitas tan frecuentes esconden algo y acaba por descubrir la existencia de Emma, por lo que prohíbe a su marido que vuelva a verla.
Los padres de Carlos descubren que la hacienda de la viuda con la que habían casado al hijo no era tan amplia como había afirmado y se lo echan en cara. A consecuencia del disgusto, a los pocos días muere. Cuando esto sucede, Carlos se percata de que la quería.

CAPÍTULO III.
Después de la muerte de su esposa, Carlos recobra la libertad y sin tapujos visita a Emma, con la que pasa mucho tiempo. Se propone declararse, pero no es capaz de decírselo. El padre de la chica se percata de ello y es él mismo quien se lo saca al médico y le comunicará las pretensiones de él.

CAPÍTULO IV.
Se cuentan los fastos de la boda de Carlos y Emma como si fuera un cuadro de costumbres. La fiesta se celebra en casa de ella donde acuden muchos invitados de los pueblos de alrededor. Estos visten elegantemente, aunque los trajes que llevan para la ocasión les resulten molestos como hombres de campo que son. No se menciona ningún acto religioso y se centran en los banquetes y fiestas que duran dos días, al cabo de los cuales el nuevo matrimonio se traslada a su residencia, al pueblo donde ejerce él.

CAPÍTULO V.
Se describe la modesta casa de Carlos con los ojos de la esposa. La primera impresión es la de abandono, mediocridad… Pronto Emma proyecta los cambios oportunos para ponerla a su gusto. Cuando suben al dormitorio, los ojos de la recién casada se dirige al ramo de azahar de la anterior esposa que el viudo no se ha preocupado de retirar, haciéndolo en ese momento, hecho que suscita en la recién casada la reflexión de qué harían con su ramo en el caso de que llegara a fallecer.
Los primeros días después de la boda el médico está feliz y desea regresar a casa pronto para contemplar a su esposa. En cambio para ella supone una frustración y el estado de enamoramiento en el que creía estar antes de la boda se desvanece cuando conoce la casa donde habrá de vivir.

CAPÍTULO VI.
[Hay analepsis: se retrocede en el tiempo para narrar la educación que recibió Emma en un colegio de monjas, aunque al final hay una conclusión idéntica a la del anterior capítulo. La idea que se que había hecho de lo que era felicidad no correspondía para nada con la vida que comenzaba.]
Se cuenta la época de Emma en el colegio de las Ursulinas resaltando las lecturas de la adolescente, que despertaron una sensibilidad exacerbada y crearon unos anhelos que se vonvirtieron en el modelo de vida que deseaba para ella. Estando en el colegio es cuando murió su madre. Fue la época de mayor fervor religioso, aunque pronto las monjas se percataron de que la vocación religiosa de la muchacha era una falacia y cuando se marchó del colegio, se alegraron.
Cuando Carlos frecuentó su casa, esa pasión sublime se había despertado, pero no era él el acicate y al llegar a la nueva casa, comprobó que esa pasión soñada no correspondía con la realidad que veía.

CAPÍTULO VII.
Emma desea sentir la pasión enraizada desde su adolescencia, intenta enamorarse de su marido, pero se convence de que éste es un hombre anodino, sin una conversación original. La vida de la mujer está marcada por la rutina.
La madre de Carlos cuando los visita observa de que su nuera gasta por encima de sus ingresos y, por otra parte, que su hijo quiere más a su esposa que a ella.
La monotonía del matrimonio se rompe cuando son invitados a una fiesta al castillo del marqués de Anvervilliers, al que el doctor había curado unas molestias.

CAPÍTULO VIII.
El marqués de Anvervilliers les invita a cenar y a pasar una noche en su castillo de Vanbyessard. Convivirán durante unas horas con la más selecta aristocracia. La experiencia será decisiva para Emma que no podrá ya olvidar la fiesta, exquisita en cuanto a los alimentos degustados, los modales finos, el trato delicado…  En cambio, cuando Carlos regresa a casa, se siente aliviado y feliz de volver a su rutina. Para Emma, cuando entra en casa y ve que la cena no está preparada y que la criada -la despedirá de inmediato- la contesta descaradamente, la vida a partir de ese momento le resultará más anodina, insulsa y odiosa.

CAPÍTULO IX.
Esa infelicidad y perspectiva de que nada cambiaría fue haciendo mella en la mujer del médico. Imaginaba la vida de lujo que llevarían los parisinos. Se suscribió a una revista de moda. Procuró que en su vida hubiera algún atisbo de una vida refinada. Contrató a una nueva criada que denominaba doncella. Se llamaba FELICIDAD e intentó educarla esmeradamente en las tareas domésticas. Esperó, cuando había pasado un año, que el conde les invitara de nuevo al castillo para volver a ver al vizconde con el que bailó en la fiesta y con el que había estado soñando todo ese tiempo. Sin embargo, los días transcurren sin que nada la sacase de la monotonía.
Carlos trabajaba todo el día y cuando regresaba se sentía feliz al ver a su mujer, sin ser consciente de lo que la pasaba. Por lo menos albergaba la esperanza de que su marido llegara a ser alguien en el mundo de la medicina, pero Carlos no tenía amor propio ni ambición. Ante este panorama, Emma comenzó a presentar episodios de depresión cuya causa, según determinaron, era el lugar donde vivían. Así que su marido decidió dejar Tostes y trasladarse a Yonville L´Abbaye. El traslado lo realizaron en marzo, después de haber vivido cuatro años en la anterior localidad. En la mudanza, Emma encuentra su ramo de novia deshilachado y lo quema.
Coincidiendo con el traslado Emma se quedó embarazada.

SEGUNDA PARTE.
CAPÍTULO I.
El nuevo pueblo se encuentra a ocho leguas[1] de ROUEN. Es una localidad sin encanto. El centro urbano es una larga calle central  donde se concentran los comercios. Del conjunto urbano se destaca la farmacia del señor HOMAIS, que está esperando en el hostal El león de oro, que es regentado por la viuda LEFRANÇOIS, la llegada del nuevo médico. El coche se retrasa porque durante el viaje se ha escapado el galgo de Emma. Cuando llega, es ella la que baja primero, él venía dormido.

CAPÍTULO II.
En El león de oro les han preparado la cena. Con ellos va a comer LEÓN DEPUIS, un pasante del notario de la localidad que todavía no ha acabado la carrera de Derecho. Es un cliente habitual del mesón. Se hospeda en una habitación que está encima de la farmacia del señor Homais. En la cena, Emma y León congenian rápidamente por poseer una sensibilidad muy parecida. A ambos les gusta la literatura: a ella, más la novela; a él, la poesía. También coinciden en sus anhelos por conocer otros países, la música…
Acabada la cena se dirigen a su nuevo hogar. En esos momentos Emma piensa que es la cuarta casa en la que duerme. Asocia este hecho a que cada vez que ha pasado esto ha habido un cambio en su vida y espera que la nueva etapa no sea peor que la que deja.

CAPÍTULO III.
Al principio se le resisten los pacientes y pasa mucho tiempo realizando arreglos en casa. El boticario procuraba portarse diligentemente con el matrimonio; buscaba su simpatía por temor a una hipotética denuncia, ya que en el pasado había tenido problemas con la justicia por intrusismo profesional.
Por otra parte, el embarazo de Emma era para Carlos fuente de felicidad; no tanto para ella. La madre prefería dar a luz un hijo porque por su sexo tendría más libertad para disfrutar. Sin embargo, parió una niña, a la que Emma, después de dar muchas vueltas a posibles nombres, llama BERTA. La crianza de la niña fue encomendada a una nodriza. La primera visita que la realiza a su hija es en compañía de León con el que se encontró de casualidad.

CAPÍTULO IV.
El matrimonio Bovary poco a poco se va haciendo al lugar. Después de cenar su casa se convierte en lugar de tertulia. El farmacéutico y León pasan con ellos unas horas jugando a las cartas, al dominó o leyendo el periódico. También Emma y León encuentran un momento para charlar íntimamente de sus lecturas, de moda, de sus gustos, sobre todo cuando Carlos y Homais se quedan dormidos. Esta confianza entre ellos llega hasta el punto de que ella le hace un regalo, un tapete. Este detalle es interpretado por la familia del farmacéutico como que hay algo entre ellos.

CAPÍTULO V.
Emma se percata de que León se ha enamorado de ella y también ella de él. Pero en vez de mostrarse más amable lo que intenta es alejarse. Para ello alaba a su marido, se muestra hacendosa, trae a Berta a casa, se transforma en virtuosa. Sin embargo, en la soledad se desespera y llora. Solo la criada se da cuenta de ese estado de desesperación; mas el ama la prohíbe que hable y cuente a nadie lo que la pasa.

CAPÍTULO VI.
Madame Bovary continúa angustiada. Un día al oír las campanas acude a la iglesia en busca del cura. Recuerda su etapa espiritual de las Ursulinas. En la iglesia hay un grupo de niños que juguetea mientras esperan a que el cura les llame para la catequesis. Cuando se encuentran el religioso no es capaz de captar la necesidad de ayuda de la mujer y está más pendiente de las travesuras de los niños que de la mujer. Ésta, por otra parte, observa el atuendo manchado del sacerdote y su rostro y se percata de que no es la persona que necesita para desahogarse. Tan irritada llega a casa que abofetea a su hija cuando ésta se abraza a sus rodillas. Observando cómo llora se da cuenta de lo fea que es.
León, después de muchas dudas y de preparativos múltiples, decide abandonar el pueblo y acabar la carrera de Derecho en París. Su despedida de Emma es decepcionante: ninguno da muestras del gran amor que se profesan.

CAPÍTULO VII.
La marcha de León deja a Emma entristecida y depresiva. Carlos llama a su madre para que le ayude a descubrir el origen del mal y ésta dictamina que la causa es su inactividad y sobre todo las lecturas poco convenientes que realiza, por lo que deciden dar de baja la suscripción de la librería que surte a Emma.
Un día de mercado acudió a la consulta RODOLFO BOULANGER DE LA HUCHETTE, un rico aristócrata de 35 años que explota sin demasiado interés las tierras que rodean su castillo. Uno de su criados quiere que le sangre el médico. La ocasión permite a Rodolfo conocer a Emma, por la que se siente fuertemente atraído.

CAPÍTULO VIII.
Se celebra una fería agraria e industrial en la localidad. Todos sus vecinos y los de los pueblos de alrededor acuden al evento. Emma pasea del brazo de Rodolfo por las calles. A lo largo del día pueden hablar de sus angustias. Él se presenta como un hombre desgraciado, sin suerte en la vida, solitario…; sin embargo, cree en la felicidad. Cuando llegan los momentos de los discursos, los dos suben al balcón del salón de plenos del ayuntamiento para ver mejor el estrado de los oradores. Es en ese momento cuando él se le insinúa y le toma la mano, que ella no esquiva. La jornada concluyó con un castillo de fuegos artificiales y ya separados pues Emma los ve en compañía de su marido.

CAPÍTULO IX.
Después de ese encuentro, Rodolfo tardó en volver a ver a Emma. Cuando se encontraron, una vez superados los reproches iniciales, se reconciliaron y buscaron una excusa para encontrarse cuando él la invitó a montar a caballo, invitación que gustó a Carlos porque creyó que vendría bien para que su esposa se animara.
En esos paseos por el bosque se amaron, se abrazaron y el amor fue tan fuerte que Emma, cuando su marido salía temprano, después de marcharse, iba corriendo a casa de Rodolfo para pasar con él una hora escasa. Tantas veces lo hacía, que él juzgó este hecho demasiado temerario.

CAPÍTULO X.
La propia Emma se percató del peligro que suponía sus andanzas. Una mañana se topó con BINET, el recaudador, que cazaba furtivamente patos y tuvo que mentir diciendo que venía de casa de la nodriza cuando hacía más de un año que la niña vivía en casa.
El escenario de sus encuentros hubo de cambiar. Ahora lo hacían también de noche en el jardín o en alguna dependencia de la propia casa de ella.
Con el tiempo las palabras amables y las ternuras de él fueron a menos, aunque ella se sometía más.
El contacto con el padre de Emma, el tío ROUAL, se realizaba anualmente a través del envío de un pavo, señal de agradecimiento por su antigua curación.

CAPÍTULO XI.
El señor Homais, el farmacéutico, propone operar a HIPÓLITO, un criado de El León de Oro, de un defecto en la pierna que le hace andar cojo. Primero habla con el médico al que anima a llevar a cabo la operación; y también con el chico para convencerlo de que se deje intervenir. Emma se deja persuadir pensando que puede aportar prestigio a su marido y a ella también. La intervención parece un éxito, que el farmacéutico, corresponsal de un periódico, glosa. No obstante, cuando el chico, está sujeto a una especie de potro, comienza a quejarse y lo que es peor, su pierna comienza a cangrenarse por lo que han de llamar a otro médico para que valore al enfermo y para que finalmente ampute la pierna.
Esa noche Emma espera a su amante sentada en la escalera.

CAPÍTULO XII.
Emma compra una pierna de madera que supla la amputada de Hipólito. El encargado de conseguir todo lo quiera es el señor LHEUREUX, que cuando llega el momento de cobrar sus ventas pone a la mujer del médico en un apuro. En esta tesitura, el comerciante le exige que devuelva lo comprado, especialmente la fusta que había regalado a su amante. Con lo cual sospecha que el comerciante está al tanto de sus correrías amorosas. Menos mal que en última instancia consigue dinero para saldar las deudas.
Por otra parte, la relación de con Rodolfo es cada vez más dependiente. Él se aprovecha de este sometimiento para  sentir nuevas experiencias. Ella, a estas alturas, se comporta más desinhibida y provocativa en el pueblo fumando sin ningún rubor. Finalmente proyectan huir juntos, plan que permite a Emma sobrellevar más dócilmente su vida en familia.
Emma encarga a Lheureux un abrigo, un arca y un bolso. El comerciante sospecha que algo trama la mujer. Los amantes habían proyectado fugarse en el plazo de un mes a Génova. Mas en el último encuentro antes de la partida, él ya ha decidido que no acudirá al lugar de la cita.

CAPÍTULO XIII.
Nada más llegar a casa, Rodolfo se pone a escribir una carta a Emma para comunicarle que no piensa huir con ella. Repasa todas las misivas que múltiples mujeres le habían escrito; a todas pone en el mismo nivel: amantes al fin y al cabo que han durado un tiempo nada más y llega a la conclusión que la mujer del médico es una más.
Una vez escrita la carta, el señor la manda escondida en una cesta de albaricoques por medio de un criado. Emma nada más verla sospecha algo malo. Sube al desván a terminar de leer la misiva porque Carlos está en casa. Con el disgusto acude a cenar, pues intenta controlar para que no la interroguen. No obstante, cuando Carlos le da un albericoque a oler, se desmaya y comienza un periodo de depresión que no es capaz de superar si no es poco a poco hasta dos meses después. Durante el tiempo que ha estado en cama, su marido la ha cuidado y, por tanto, ha desatendido a sus pacientes, por lo que económicamente están mal.

CAPÍTULO XIV.
El médico firma un pagaré al cabo de un año al señor Lheureux con el importe de todas las deudas contraídas anteriormente más mil francos de préstamo. Sin saber cómo iba a conseguir el dinero, Carlos tan solo se preocupa de la salud de su mujer.
Ésta poco a poco se restablece y vuelve a sentir cierta curiosidad por lo que sucede en la calle. Anímicamente su alma se inclina por la espiritualidad. El párroco, el señor BOURNISIEN,  la visita regularmente, aunque no consigue en convertirse en su guía espiritual. La incorporación del sacerdote al pequeño círculo del médico da lugar a enfrentamientos entre el señor Homais y el religioso. Éste, sin embargo, no es un hombre testarudo, sino más bien condescendiente con las costumbres burguesas, como el hecho de que no vea mal que el matrimonio Bovary acuda a la ópera. A pesar de que la situación económica no es buena, Carlos lleva a su esposa a ver el espectáculo pensando que la beneficiará.

CAPÍTULO XV.
En el espectáculo Emma se sumerge en los sentimientos que los personajes transmiten. La experiencia es extraordinaria. La esposa, por su atuendo y por su manera de estar, no desentona en aquel ambiente. Al final del segundo acto, la mujer que ha estado admirando al tenor, al reproducir unas palabras que invitaban a huir juntos, que a Emma le resultan conocidas, se desvanece un poco. Carlos corre a buscar un vaso de horchata para reanimarla y cuando regresa al palco comunica a su esposa que se ha encontrado con León, el abogado. Y acto continuo entra. Emma no sabe cómo reaccionar, pero la representación ya no tiene el mismo interés. Antes de que concluya, abandonan el teatro para tomar algo. Carlos anima a su mujer a que pase algunos días más en Rouen y vuelva a ver la obra.
El reencuentro con León se produce después de tres años de su marcha de Yonville.

III PARTE.
CAPÍTULO I.
León, que había seguido discretamente al matrimonio para saber dónde se alojaba, fue a buscar a Emma al hotel. Sublimemente se declaran el amor que sintieron y que León desea reanudar; mas ella, con la excusa de la diferencia de edad, lo rechaza, aunque accede a verse con él una última vez. Emma acude a ese encuentro con una carta en la que se reafirma en su intención de no querer saber más de él. Se encuentran en la catedral, donde son importunados por un pelmazo de guía que se empeña en mostrar las obras de arte que hay en ella. León ha de sacar del templo a la mujer del médico arrastrándola a la fuerza. Los dos se introducen en un coche con las cortinas corridas que no parará de dar vueltas durante seis horas por la localidad. Emma rompe la carta que había escrito y arroja los trocitos de papel por la ventanilla.

CAPÍTULO II.
Cuando regresa Emma a Yonville, antes de bajar del carruaje, la esperan para darle el recado de que pase por la farmacia. Al entrar, ve al señor Homais muy exaltado regañando a su aprendiz Justino porque éste había cogido un barreño que estaba al lado de una botella de arsénico y podía haber envenenado a toda la familia, pues el recipiente se iba a utilizar para la elaboración de mermeladas. Después le comunica a la mujer de Carlos el fallecimiento de su suegro. Al entrar en casa encuentra a su marido muy abatido, con un dolor que no equivalía al afecto mostrado en vida por su progenitor, cuya muerte se produce a la edad de 58 años.
Por esos días reciben la visita del señor Lheureux, que con la excusa de vender telas para la confección de vestidos de luto, propone a la señora que sea ella la que gestione la economía doméstica. Para ello le sugiere que mediante un poder notarial su marido delegue en ella. El comerciante les insinúa que el pagaré lo podrán negociar y que podrán acceder a más crédito. El matrimonio so sabe cómo proceder y a Carlos se le ocurre la idea de consultar con León esta cuestión.

CAPÍTULO III.
Emma viajará a Rouen para consultarle a León, ocasión que aprovechan los amantes para pasar una verdadera luna de miel. Cuando ella se marcha, surge la duda en León de para qué querrá Emma ejercer el control de la economía del médico mediante ese poder notarial.

CAPÍTULO IV.
León, no pudiendo soportar la separación, se decidió volver al pueblo para buscar la oportunidad de volver a ver a Emma. Solo lo consiguió un instante en una callejuela próxima a su vivienda. Pero antes de separarse, ella le promete encontrar una excusa para poder viajar a Rouen una vez a la semana para poder estar juntos. Y consiguió su propósito al convencer a Carlos de que necesitaba tomar lecciones de piano para poder mejorar.
Al mismo tiempo se incrementa la relación de Emma con el comerciante comprando enseres para la casa.

CAPÍTULO V.
El jueves, que era el día que Emma iba a Rouen, se levantaba muy temprano y se preparaba con sumo esmero para el amante. Nada más llegar a la ciudad, se reunía con León en un hotel que acabó siendo como su casa. Cuando regresaba, llegaba exhausta, casi sin ganas de cenar. Justino, el ayudante de la farmacia, le ayudaba y le hacía compañía para servirla en lo que le necesitara. El muchacho había solicitado que lo contratara de criado.
En estas correrías y encuentros secretos, Emma se ve en algún apuro, como cuando Carlos se encuentra con la supuesta profesora de piano y ésta le dice que no conoce a su mujer; o cuando no es capaz de mostrar los recibos de pago de las clases. Y lo más comprometedor, el comerciante, el señor Lheureux, les vio salir del brazo del hotel. Este hombre aprovecha la ventaja de conocer la vida privada de la mujer para sacar cada vez más réditos a los préstamos a madame Bovary. Le propone vender una finca, sin contar con el beneplácito de su marido, pero no para conseguir liquidez sino para embarullar la relación financiera. Emma aprovecha la disposición de algo de dinero para hacerle regalos a su amante y para vivir lujosamente con él.
La visita de la madre de Carlos no sirve para poner orden en una casa cuya deriva era muy peligrosa. La madre rompe el poder que Emma tenía para administrar los bienes. Este incidente es casi el fin de la relación familiar con ella. No obstante, una vez solos, Carlos, vuelve a otorgar ese poder a su esposa.
Por otra parte, la osadía de Emma llega hasta quedarse a dormir en la ciudad sin avisar. Ante esta circunstancia, Carlos, muy preocupado, sale en su búsqueda y cuando llega la mañana la encuentra en una calle donde supuestamente recibía las clases. La disculpa de la esposa es que se había puesto enferma y se había quedado a dormir en casa de la profesora.

CAPÍTULO VI.
Para corresponder a las atenciones que León recibía cuando iba a Yonville de parte del farmacéutico, que le invitaba a comer, aquél ofreció su hospitalidad en la ciudad al señor Homais si quería ir a Rouen. Éste aceptó la invitación y viajó a la ciudad el mismo día que Emma; es decir, el jueves. Esto supuso que León no pudiera desprenderse todo el día del farmacéutico. A Emma esto le sentó muy mal y a partir de ese momento la relación con él amante se degradó un poco. De todas maneras, aunque ella seguía enamorada de él, la convivencia plena no era ya tan satisfactoria como al principio. León, por otra parte, recelaba de ella, que le dominaba e intentaba controlar. Su superior, el notario, y su madre, que había recibido una carta anónima dándole a conocer esta relación, le aconsejaban que rompiera con ella, pero no era capaz.
En otro orden de cosas, las relaciones de Emma con su proveedor se complicaban. El señor Lheureux había vendido los pagarés a un tercero, que presiona para que la mujer pague. El problema se judicializa y llega el embargo de manera apremiante.

CAPÍTULO VII.
El embargo se presenta como inevitable y Emma debe soportar estoicamente el recuento y valoración de sus bienes. Desesperada, a pesar de ser domingo, busca que algún banquero le preste en Rouen. Recurre a León para que éste se ponga en contacto con alguien que esté dispuesto a socorrerla, pero todo fue inútil. De vuelta a Yonville, da en limosna los últimos cinco francos que le quedaban a un pobre que a la salida de la ciudad siempre importunaba a los ocupantes de la diligencia.
Al día siguiente se anuncia en un cartel, que arranca Justino, la venta de los muebles de la casa del médico. Felicidad, la criada, aconseja que vaya a ver al señor GUILLAUMIN, el notario. Pero, ya en su casa, éste lo que intenta es propasarse con la mujer. El siguiente intento es hablar con el señor Binet, el recaudador, al que intenta engatusar, pero éste la rechaza. Después de esto, no es capaz de regresar a casa y se encamina a la de la nodriza. Tumbada allí, manda a la mujer a ver si por casualidad se ha presentado León, mas vuelve con la noticia de que todos la buscan.

CAPÍTULO VIII.
El último recurso que se le ocurre es visitar a Rodolfo en su castillo. Entra por donde lo hacía cuando eran amantes y él cree que ella regresa para reiniciar otra vez la relación amorosa. Mas pronto sale a colación el motivo verdadero: pedirle 3000 francos, que él no tiene.
Apurada esta última gestión, ya anochecido, se encamina a la farmacia del seños Homais. La familia está cenando y Justino se encontraba solo. Le llamó y le convenció para que le abriera la puerta del laboratorio. Emma, sin dudar, agarró un tarro de donde tomó un puñado de polvo blanco que llevó a la boca. Se trataba de arsénico. Emma tuvo la sangre fría de convencer al muchacho para que no armara alboroto para que las culpas no recayeran en el boticario.
De vuelta a casa, lo primero que hace es escribir una carta que entregó a su marido con la orden de que no la abriera hasta el día siguiente. De inmediato comenzó la larga agonía que ni Carlos, ni el farmacéutico, ya sabiendo que se había envenenado, ni los médicos más reconocidos del entorno logran detener una vez auscultada la enferma. No pudiendo hacer nada por ella, el seños Homais invita a los doctores a almorzar en su casa.
El señor BOURNISIEN, el cura, es llamado para administrar la extremaunción. Antes de morir, la mujer pide un espejo en un momento de leve mejoría. Con el último estertor, se oye la canción que siempre entonaba el indigente ciego que siempre se subía a la diligencia a pedir a las afueras de Rouen. Su última palabra es esa, “El ciego”y se echó a reír.

CAPÍTULO IX.
El ciego había ido a Yonville esperanzado con la posibilidad de curarse después de haber oído al señor Homais que él sería capaz de sanarlo con sus ungüentos. A este ciego le entregó Emma sus últimos cinco francos.
El velatorio de la mujer del médico sirve para que el boticario y el sacerdote se enfrenten ideológicamente, aunque al final acaban entendiéndose.
Carlos tiene que tomar algunas decisiones que es incapaz de iniciar por el abatimiento en el que se encuentra: avisar a la familia y elegir el féretro. Determinará que se la entierre en tres cajas. Una vez construidas, los vecinos pudieron pasar a casa a acompañar al médico en su duelo.

CAPÍTULO X.
El padre de Emma, el tío Rouaul, le escribió al farmacéutico para comunicarle que su hija no se encontraba bien, y el buen hombre se puso de camino con la esperanza de encontrar viva a su hija. Nada más llegar comienza la ceremonia fúnebre en la iglesia, que Carlos soporta de mal talante. La llevan al cementerio y la entierran.
El señor Rouaul regresa a su casa sin querer ver a su nieta. Carlos y su madre pasan muchas horas hablando y acuerdan que ella irá a vivir con él contenta de volverle a recuperar.
Rodolfo, después de haber estado todo el día de caza, y León, en Rouen, duermen. El único que no duerme es Justino que, solo ante la tumba de Emma, llora.

CAPÍTULO XI.
Los problemas de la deuda acechan al viudo, pero Carlos no permite que se lleven ningún objeto que hubiera pertenecido a su mujer. Su madre se desespera ante esta actitud y pronto lo vuelve a dejar solo.
Al poco tiempo, León, ya ejerciendo de notario, hace llegar la nueva de que se casará.
Felicidad, la criada, huye de casa llevándose todos los vestidos y objetos posibles de su señora.
Un día el médico descubre en el desván una carta de su mujer que le escribió Rodolfo: la carta en la que le comunicaba que no huiría con ella. Carlos no comprende muy bien el contenido, pero sospecha que fueron amantes; sin embargo, le disculpa por entender que Emma atraía a los hombres. Más tarde se encontrará con él en persona y su postura será exactamente igual.
Con el tiempo también descubrirá toda la correspondencia de Emma con León.
Por otra parte, Carlos se contagia de la personalidad de su difunta mujer y se vuelve refinado en el vestir y en su aseo personal. Incluso,  termina llevando la misma vida desordenada que fue la causa del fin de su vida y continúa firmando pagarés. Sufría por la niña porque no podía vestirla y cuidarla según su categoría. No permitió que Berta se fuera a vivir con su madre, porque la niña era el consuelo y la imagen de su madre.
El farmacéutico también fue abandonando al médico. Hubo de anular la mala prensa que el ciego difundía de él por no ser capaz de curarlo. Para ello emprendió una campaña de sueltos en la prensa, donde colaboraba, para llamar la atención de las autoridades para que tomaran medidas contra los indigentes. Por fin encierran al ciego.
Al final, el boticario consiguió la condecoración de la Legión de Honor.
Carlos terminó por no salir de casa. Un día su hija se lo encontró muerto sentado en el jardín.
Vendieron su casa y con el dinero pagaron todas las deudas y sobró para comprar el billete de Berta para que se marchara con la abuela, que murió al poco tiempo, por lo que hubo de hacerse cargo una tía.  Pasado un tiempo tuvo que trabajar en una fábrica de algodón.








           


[1] Medida de longitud que equivale a 5.572,7 m.