lunes, 14 de noviembre de 2016

COMENTARIO DE TEXTO DE UN FRAGMENTO DE ANTÍGONA DE SÓFOCLES.

CREONTE: (Dirigiéndose a ANTÍGONA) ¡Eh, tú! Tú, la que inclinas la cabeza al suelo, ¿afirmas o niegas haber hecho esto?
ANTÍGONA: Sí, afirmo haberlo hecho y no reniego de ello.
CREONTE: (Al GUARDIÁN) En ese caso, tú puedes irte exento y libre de una grave responsabilidad. (A ANTÍGONA.) Y tú contéstame sin largos discursos sino de manera concisa: ¿sabías que un edicto ordenaba que nadie hiciera lo que tú has hecho?
ANTÍGONA: Lo sabía. ¿Cómo no iba a saberlo si era conocido de todos?
CREONTE: ¿Y aun así osaste transgredir estas leyes?
ANTÍGONA: Es que no fue Zeus, ni por asomo,  quien dio esta orden, ni tampoco la Justicia aquella que es convecina de los dioses del mundo subterráneo. No, no fijaron ellos entre los hombres estas leyes. Tampoco suponía que esas tus proclamas tuvieran tal fuerza que tú, un simple mortal, pudieras rebasar con ellas las leyes de los dioses anteriores a todo escrito e inmutables. Pues esas leyes divinas no están vigentes, ni por lo más remoto, sólo desde hoy ni desde ayer, sino permanentemente y en toda ocasión, y no hay quien sepa en qué fecha aparecieron. ¡No iba yo, por miedo a la decisión de hombre alguno, a pagar a los dioses el justo castigo por haberlas transgredido! Pues que había de morir lo sabía bien, ¡cómo no!, aunque tú no lo hubieras advertido en tu comunicado. Por otro lado, si he de morir antes de tiempo, yo lo cuento como ganancia, pues todo aquél que, como yo, vive en un mar de calamidades, ¿cómo se puede negar que hace un gran
negocio con morir? Por eso, ¡lo que es a mí, obtener este destino fatal no me hace sufrir lo más mínimo; en cambio, si hubiera tolerado que el nacido de la misma madre que yo, fuera, una vez muerto, un cadáver insepulto, por eso sí que hubiera sufrido! Pero por esto no siento dolor alguno. Por lo que a ti respecta, si mantienes la idea de que ahora me estoy comportando estúpidamente, casi puede afirmarse que es un estúpido aquél ante quien he incurrido en estupidez.
CORIFEO: Ello evidencia el terco genio que le viene a la muchacha del terco de su padre; y no va con ella ceder a las adversidades.
CREONTE: Sin embargo, tienes que saber que los temperamentos duros en demasía son los que más se desmoronan, y que el potentísimo hierro, por muy duro que resulte al ser templado a fuego, podrías ver que se quiebra y hace añicos infinidad de veces. En cambio, tengo visto que los caballos que se encabritan se sujetan con un simple bocado. Es que no le va bien ser jactancioso a nadie que es esclavo del prójimo. Esa, ya antes cuando transgredía las normas propuestas, sabía muy bien que su comportamiento era un desafío, y, después de haber cometido esa barbaridad, he aquí el segundo desafío: ufanarse de ello y reírse por haberlo cometido. Ciertamente que no soy yo un hombre de verdad, sino que el hombre de verdad lo es ella, si el triunfo que ha logrado le ha de quedar impune...





1.   CONTEXTUALIZACIÓN DEL FRAGMENTO EN LA OBRA.
El fragmento lo debemos situar en el momento en el que los soldados encargados de custodiar el cadáver insepulto de Polinices comunican, por medio de uno de ellos, que alguien, contraviniendo sus órdenes, había practicado ritos fúnebres con los despojos. El rey entra en cólera culpabilizando a los guardianes. Estos vuelven a dejar el cadáver a la intemperie retirando la tierra que habían esparcido sobre él. Inmediatamente el soldado que había comunicado la infracción se presenta otra vez ante el rey llevando como prisionera a Antígona, a la que habían sorprendido enterrando de nuevo a su hermano. El texto recoge la confesión de la muchacha. La conversación continúa entre los dos protagonistas analizando con más detalle este conflicto. El rey pretende castigar también a Ismene, a la que cree participe en el enterramiento de su hermano. Esta, en presencia del rey, acepta las acusaciones mostrando su predisposición a correr la misma suerte que su hermana asumiendo el castigo real. Sin embargo, Antígona no lo permite recriminándole, por una parte, que desde el principio no aceptara participar con ella en las honras fúnebres y, por otra, salvaguardándola de una muerte que no merece porque Ismene no está tan desesperada vitalmente como ella.
El texto es clave en el desarrollo de la obra. Es el momento cumbre al enfrentarse los dos protagonistas por el conflicto fundamental planteado en la obra: el obedecer o desobedecer órdenes de los hombres que atentan contra los principios religiosos. A esto habría que añadir dos notas que definen el carácter de los dos personajes. Antígona se presenta como una persona desilusionada  que desprecia su vida llena de calamidades, viendo la muerte como una salida. Esta desesperación se va a ir atenuando a partir del momento en que sepa que tiene que cumplir su pena, pero no mostrará nunca arrepentimiento. Y Creonte mostrará por primera vez una de sus debilidades que intenta ocultar ordenando que sus mandatos se cumplan a rajatabla. El problema ya no es solo  la práctica de los rituales mortuorios, sino su propia autoridad puesta en entredicho, además, por una mujer. Él se consideraría “una mujer” si no hiciera cumplir sus órdenes y no aplicara los castigos correspondientes a las infracciones. El desprecio hacia las mujeres aparecerá más adelante cuando critique a su propio hijo por dejarse llevar por su novia, que no es otra que Antígona, cuando este intenta convencer al padre de que no está procediendo correctamente.

2.      Situación de la obra a la que pertenece el fragmento y su autor en su contexto histórico-literario.
Antígona es una tragedia de Sófocles. El origen del teatro está ligado al culto de Dionisio; es decir, tiene un origen religioso. Desde el punto de vista de la historia de la literatura, el teatro, como género literario es posterior a la épica. Podemos situar el comienzo del teatro en el siglo VI antes de Cristo. El teatro era un espectáculo público. Se escribía pensando en su representación, que era un acontecimiento esperado por todo el pueblo. A la función acudía prácticamente toda la sociedad griega. El teatro, y más concretamente la tragedia, se relaciona con la democracia y cumplía principalmente dos funciones: la cohesión social, - como unificadora de una misma cosmovisión, junto al papel de la religión -; y la educación en la transmisión de una serie de valores. En ocasiones, se presenta al personaje principal como modelo de comportamiento político ya caduco –pues muchas piezas están ambientadas en épocas pasadas-, no acorde al tipo de político que rige la ciudad en el momento en que se representa la obra, la democracia. Otra función de la tragedia es la catarsis que producen los conflictos dramatizados en los espectadores al liberarles de los males del espíritu. Y en esta obra, observamos también la presencia de Hybris, que es la desmesura, la soberbia del héroe que cree poder desafiar a los dioses.
La obra fue escrita por uno de los tres grandes triunfadores del teatro de Dionisios o, al menos, uno de los tres autores trágicos de los que conservamos obras completas, Sófocles, junto a  Esquilo y Eurípides. Como novedad en el desarrollo del género, Sófocles, con respecto a Esquilo, introdujo  en la escena un tercer actor, relegó el coro a un segundo plano y perfeccionó la técnica dramática.  Por otra parte, sus diálogos poseen gran belleza en los que intercala algunas veces pinceladas cómicas, sobre todo en las intervenciones del corifeo, como es el caso de la obra de la que hablamos.
Sus personajes, aunque proceden de las leyendas y mitos, tienen un carácter realista, próximos a modelos de comportamientos de sus época –la Atenas de Pericles. Escribió 123 tragedias de las que conocemos siete: “Edipo   Rey”,” Electra”, “Ayax”, “Antígona”, “Edipo en Colona”, “Las Traquinianas “y “Filóctetes”.

3.      ANÁLISIS DEL CONTENIDO Y FORMA DEL TEXTO.

Estructura externa.
       El texto es un fragmento de la tragedia Antígona de Sófocles. Está escrita en prosa. El tipo de discurso es el diálogo, un diálogo teatral.

ESTRUCTURA INTERNA.
La primera parte la podemos situar entre las líneas 1 y 8. En ellas encontramos el reconocimiento por parte de Antígona de que era conocedora de la orden que prohibía enterrar a su hermano Polinices y, a pesar de ello, lo hizo.
La segunda parte abarcaría desde la línea 9 a la 23. La protagonista esgrime las razones de su desobediencia: esa orden no era dictada por los dioses y, además, va en contra la religión. Por otra parte, no tiene miedo al castigo, a su muerte, porque su vida es muy desgraciada. El diálogo acaba con una invitación de la mujer a Creonte para que recapacite y revoque la orden de no enterrar a su hermano.
La tercera parte iría desde la línea 24 hasta el final. Interviene el corifeo para dialogar con el rey para resaltar el carácter tan obstinado de la muchacha recordando que es igual a su difunto padre Edipo.  Creonte, sin embargo, cree que Antígona cederá y se someterá. Por otra parte, el desafío de su sobrina ya no solo se reduce a la prohibición de practicar los rituales fúnebres, sino que afecta a su propia autoridad, que quedaría en entredicho si ella no cede y él no la castigara en este caso.

TEMAS.
El tema principal es el enfrentamiento entre dos ideas representadas por dos personajes antagónicos: el enfrentamiento entre las normas religiosas y las leyes humanas; el enfrentamiento entre Antígona y el tirano Creonte por la desobediencia de ella al enterrar a un hermano, que el rey había ordenado dejar insepulto. Es también la oposición general entre la condición femenina y la masculina. Este asunto es el más importante de la obra y al que se dedica mayor extensión del desarrollo dramático. La postura de Antígona cada vez va a ser defendida por más personajes, el coro, el adivino Tiresias, Hemón, y terminará por imponerse en el mismo rey que intentará corregir el error practicando él mismo los ritos fúnebres sobre su sobrino Polinices. Este arrepentimiento no será suficiente para apartar el castigo de los dioses.
Como temas secundarios podemos señalar la débil personalidad de Creonte que intenta no desmerecer ante la oposición firme de Antígona de no cumplir sus leyes.
En el fragmento también queda reflejada la desesperanza vital de la protagonista, que se queja del poco aprecio que siente por su vida, llena de sufrimientos y, por tanto, la disposición a aceptar la muerte como una salida a su dolor.

TIPOLOGÍA TEXTUAL.
El texto pertenece a una obra de teatro. El discurso fundamental es el diálogo. El diálogo teatral reproduce lo que dicen los personajes en estilo directo. El parlamento está precedido del nombre del personaje que habla. En el teatro no hay partes narrativas, aunque sí pequeñas acotaciones con las que el autor aclara la acción dramática; por ejemplo, en la línea 1: (Dirigiéndose a Antígona).
Podríamos destacar, aparte del diálogo, otro tipo de discurso: la argumentación. La intervención de Antígona a partir de la línea 9 es una muestra de esta forma de elocución: esgrime los argumentos por los cuales ha desobedecido a su rey.

Género literario.
El fragmento analizado pertenece al género dramático, en concreto, es una tragedia. Ésta trata temas serios y transcendentales. Se recrean conflictos en unos personajes –normalmente nobles- relacionados con leyendas o la historia que actúan condicionados por el peso del destino y aunque luchan contra él, siempre sucumben; en otros casos se mueven condicionados por una pasión irrefrenable que les lleva a la muerte. El final es siempre trágico. En la presente obra, Edipo lucha durante su vida contra un destino marcado por los dioses antes de su nacimiento, pero, al final es irremediable cumplido.         
       Otra característica de la tragedia griega es la presencia de un coro que deambula por la orchéstra que tiene como misión dramática comentar o ampliar lo que sucede a los personajes. Su representante es el corifeo. Éste entabla conversación con los personajes y, como en este caso, con un carácter práctico les recuerda cuál es la preocupación principal, que no es la disputa entre ellos, sino el cumplimiento de lo mandado en los augurios para resolver la peste.
Los distintos personajes eran representados tan solo por tres actores que se repartían los papeles, por lo que en escena nunca había más de tres. Estos, aparte de una vestimenta particular, representaban con máscaras o carátulas que variaban según el carácter de los personajes.
       En cuanto al espacio donde transcurría la acción, por lo menos en esta obra, es el palacio del rey, de donde sale y entra Creonte, Ismene, Eurídice... Las dos puertas laterales servían para lo siguiente: la izquierda, para que entraran los personajes que llegaban del campo o se dirigían a él, como por ejemplo, Tiresias; la puerta de la derecha, para los que llegaban de la ciudad; la puerta central del escenario es la puerta principal del palacio.
       Otra característica de la tragedia griega es que ésta no está dividida en actos ni escenas. La representación se efectúa sin pausas.

ESTILO. (Técnica dramática, caracterización de los personajes y recursos expresivos).
En cuanto a la técnica dramática hemos de destacar la ausencia de acotaciones con las informaciones complementarias para la escenificación. Tan solo hay dos incorporadas en los parlamentos de los personajes: l. 4: Creonte (al guardián).
En el fragmento aparecen los dos personajes principales, junto al corifeo, el representante del coro, que interviene como un personaje más. Son Antígona, hija de Edipo; Creonte, tío de Antígona y rey de Tebas y Corifeo, el anciano del coro. Los personajes secundarios que se nombran a lo largo del texto son Ismene, hermana de Antígona; Edipo, padre de Antígona; Yocasta y el guardián.
Pasamos a comentar alguno de los recursos estilísticos del fragmento. Comenzaremos con parejas de palabras que forman antítesis: l. 1 y 2: ¿afirmas o niegas…?; en la l. 5: sin largos discursos sino de manera concisa; l. 11 y 12: …tú, un simple mortal/…las leyes de los dioses…
En la expresión de la l. 3: afirmo… y no reniego hallamos sinonimia para reforzar la voluntad inquebrantable de Antígona.
La vehemencia de algunos enunciados se refuerzan con la repetición de palabras que resultan muy expresivas; así lo vemos en la l. 10: No, no fijaron…; l. 24: el terco genio… del terco de su padre…
Con una motivación similar podemos juzgar el polípote de las l. 22 y 23: la idea de que ahora me estoy comportando estúpidamente, casi puede afirmarse que es un estúpido aquél ante quien he incurrido en estupidez. Es también como un juego de palabras en boca de la muchacha para confundir a su verdugo.
Muestra del carácter literario y subjetivo del texto es la presencia de epítetos que juegan un papel valorativo, como encontramos en l. 4 y 5: grave responsabilidad; l. 24: el terco genio…; en la l. 27. El potentísimo hierro,…
Las interrogaciones retóricas presentes tienen un carácter exclamativo y muestran sobre todo emociones, como vemos en la l. 7: ¿Cómo no iba a saberlo si era conocido de todos?; en la l. 18: ¿cómo se puede negar que hace un gran negocio con morir?
Y, por supuesto, los enunciados exclamativos muestran el estado exaltado de los personajes, especialmente el de Antígona. Lo vemos en la l. 14: ¡No iba yo, por miedo a la decisión de hombre alguno, a pagar a los dioses el justo castigo por haberlas transgredido!; también en la l. 19: ¡lo que es a mí, obtener este destino fatal…!
En el texto hay alguna metáfora aunque no de una elaboración muy compleja. Así podemos considerar las siguientes en la l. 18: …todo aquel que vive en un mar de calamidades… (se utiliza la imagen metafórica del mar para ampliar la profundidad y extensión de sus desgracias).
En el proceso argumental de la protagonista, para justificar sus actos, encontramos una perífrasis en la l. 20 cuando para referirse a su hermano utiliza la expresión el nacido de la misma madre que yo…, con lo que consigue una mayor aproximación emocional a Polinices e, indirectamente, otra razón para justificar su enterramiento como lo mandaban los dioses.
Hay también una imagen metafórica encubierta en el enunciado  de las l. 28 y 29, que dice Creonte esperando hacer entrar en razones a Antígona a pesar de su terquedad: tengo visto que los caballos que se encabritan se sujetan con un simple bocado… La muchacha sería ese caballo encabritado.

VALORACIÓN PERSONAL.
Después de leer la obra y este fragmento, la pregunta que se formula el lector es hasta dónde está dispuesto a llegar para defender lo que se piensa ante normas sociales o personas con poder. ¿Se adoptaría la postura de la heroína o la de su cobarde hermana Ismene? Probablemente la mayoría elegiríamos la de no enfrentarnos a las normas ni a los poderosos. Sin embargo, lo que quieren los dioses es que se cumplan sus normas, basadas en leyes naturales, no la de los hombres que pueden ser caprichosas. Así lo entendió Antígona. Pero el personaje, aparte del dilema planteado anteriormente, se enfrenta a otro conflicto personal: el sentido de su desgraciada vida. No teme la muerte, casi la desea como solución a su desesperación; por lo tanto, hemos de pensar que el enfrentamiento con la autoridad está alentado por la ausencia de miedo a la muerte. En este sentido, los dioses son implacables: no muestran compasión por ninguno de los personajes participantes en la tragedia. Antígona, la heroína, va a morir al final absurdamente suicidándose después de que su verdugo recapacitara y llegara a la conclusión de que sus órdenes eran contrarias a la ley natural; Creonte, llevado por la hybris,  no teme desafiar a los dioses, pero se arrepiente a tiempo e intenta enmendar su mal, mas los dioses ya no tendrán piedad de él. Todo ello como consecuencia de un proceso en el que llega un momento en el desarrollo del conflicto en el que los dos personajes se plantean si sus posturas iniciales son acertadas y en los dos se observa inseguridad: Antígona ya no caminará tan orgullosa a la muerte y Creonte, como hemos visto, se percata de que ha actuado estúpidamente.
La obra, situada muy lejanamente en el tiempo, plantea sin embargo un dilema que todo ser humano tiene constantemente: la de defender honestamente la verdad en la que se cree o plegarse a la circunstancias para no crearse un problema. A este tema, desarrollado anteriormente, habría que añadir el del culto a los muertos, asunto trasnochado si no se para uno a pensar detenidamente. En nuestra reciente historia hubo un conflicto bélico que dejó muchos enterramientos ilegales como consecuencia de asesinatos violentos. A pesar de haber transcurrido casi ochenta años aún es un problema no resuelto por no ponerse de acuerdo las dos partes enfrentadas: las autoridades civiles y religiosas, que piensan que hay que dejar a los muertos en paz para no remover antiguas pasiones, y la de los familiares de las personas desaparecidas que desean recuperar sus despojos para honrarlos en un lugar conocido. Algo parecido al conflicto planteado en la obra.
Para acabar señalamos la gran influencia que el género dramático griego en general y la de Sófocles, en particular, ha ejercido en autores posteriores como Shakespeare, Garcilaso y el teatro del absurdo. Con esta obra se inaugura el teatro, y con él los escenarios: los anfiteatros actuales siguen construyéndose con la misma técnica que los escenarios de hace más de 25 siglos.