jueves, 22 de diciembre de 2016

Comentario del texto "Sexismo y lenguaje", de ÁLVARO GARCÍA MESSEGUER, en Lenguaje y discriminación sexual, Ed. Cuadernos para el Diálogo.





Una madre relata a sus amigos el caso de su hija de doce años, que, con ocasión de encontrarse junto a un río con otros pequeños, y habiendo caído uno de éstos al agua, se lanzó valerosamente a la co­rriente y salvó su vida. La madre, orgullosa, termina su relato con esta frase admirativa:
«Desde luego, mi hija se ha portado como un...»
LLegada aquí, la madre titubea y termina diciendo: «se ha portado fantásticamente».
¿Qué ha pasado en esta hablante? El lec­tor lo habrá imaginado. (¿Por qué el lector y no la lectora?) Su primer impulso fue de­cir «como un hombre» o «como un verda­dero hombre», pero enseguida comprendió que la expresión no cuadraba. Intentó sus­tituir «hombre» por «mujer», pero el resul­tado no era el que ella quería. Al final, tuvo que recurrir a otra frase.
Una persona ofendida escribe al director de una revista: «Espero de su caballerosi­dad que usted publicará esta carta...». Pero el director de la revista resulta ser una mu­jer, cosa que ignora quien escribe. ¿Qué pensar de la palabra «caballerosidad» em­pleada en este contexto?
Con estos ejemplos triviales se pone de manifiesto el hecho de cómo muchas pala­bras que expresan cualidades, actitudes, etc., tradicionalmente tenidas por «viriles», han quedado acuñadas tan masculinamente que cuando queremos aplicarlas a una mujer (o mejor todavía, a persona de sexo no conocido) el resultado es un titubeo. Es el caso de voces como hidalguía, caballe­rosidad, hombría de bien, etc. Su existen­cia es expresiva de la identificación sub­consciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal.

ÁLVARO GARCÍA MESSEGUER, Lenguaje y discriminación sexual, Ed.
Cuadernos para el Diálogo.


ESTRUCTURA EXTERNA:
Se trata seguramente de un fragmento de un texto más amplio que lleva como título Lenguaje y discriminación, publicado en una revista especializada cuyo nombre es Cuadernos para el Diálogo.
Lo podemos considerar un texto expositivo con una estructura sintética: se comienza con el desarrollo y se termina con la conclusión en la que aparece la idea principal.

ESTRUCTURA INTERNA.
En las líneas de la 1 a la 5 se cuenta una anécdota a modo de introducción del tema: una madre intenta calificar la conducta valiente de su hija, al salvar a una compañera que se ahogaba, y la única expresión que le sale es sexista.
En la líneas 6 a la 8 se reflexiona sobre lo inadecuado que resultaba la expresión que se iba a utilizar (…como un hombre.) para referirse a la valentía de su hija.
En las líneas 9 y 11 se vuelve a poner otro ejemplo de expresiones sexistas cuando, para resaltar la seriedad y urbanidad de una directora de periódico, se utiliza la expresión “caballerosidad”.
Por último, desde la línea 12 hasta la 16, el autor llega a la conclusión de que en nuestro lenguaje hay muchas palabras que expresan cualidades que están marcadas con el género masculino como si fueran patrimonio exclusivo de los hombres.

TEMA.
Análisis de expresiones sexistas en castellano a partir de la frase “…como un hombre” utilizada para resaltar la valentía.

RESUMEN.
Partiendo de una anécdota inicial de una madre que se refiere al acto heroico protagonizado por su hija al salvar a un niño que se ahogaba, con la frase “Se ha comportado como un hombre”, y de varios ejemplos, el autor llega a la conclusión de que en nuestra sociedad hay una identificación en muchos casos de hombre con persona, excluyendo a las mujeres. Así se explica que haya bastantes palabras sexistas que están configuradas para referirse exclusivamente al hombre, como, por ejemplo, caballerosidad, portarse como un hombre,…



ACTITUD E INTENCIONALIDAD.
El tema es tratado por el autor de manera objetiva y bastante aséptica. La presencia del autor se diluye con bastante facilidad, aunque parece claro que ese afán de explicación no persigue otro objetivo que convencer al lector de lo cierto del texto; es decir, que existe discriminación sexual en el lenguaje. El análisis de los rasgos lingüísticos del texto nos llevan a creer en esta objetividad: no hay referencias al emisor, la función más importante del lenguaje es la representativa, no hay casi adjetivación y los adjetivos que aparecen son especificativos y están pospuestos, como por ejemplo en la línea 9: una persona ofendida; en la 12: ejemplos triviales; en la 16: sociedad patriarcal.
El autor pretende que los receptores de la exposición recapaciten sobre la manera tan sutil de cómo la lengua refleja la discriminación sexual presente en la sociedad. Esta discriminación restringe ciertas expresiones lingüísticas y palabras en el género masculino, como si su significado y lo que representan sólo estuvieran destinadas al hombre. Por eso estas palabras, esta fraseología, no sirven para referirse a las mujeres cuando hay necesidad de aplicar el contenido semántico a ellas.
Aunque el texto parece tener un carácter lingüístico, la idea fundamental es más amplía y se refiere en general a la discriminación de la mujer en la sociedad: la discriminación lingüística sería una muestra más de otras muchas.
La intención de la exposición es que llegue al mayor número posible de electores utilizando un lenguaje claro, numerosos ejemplos y anécdotas, etc., pero con la intención de convencer de que es cierta la discriminación.


TIPO DE TEXTO.
Género. Por el tema que se aborda, que ronda lo lingüístico y lo social, podemos decir que es un texto humanístico. Se trata de un ensayo, texto en el que se aborda un tema con un acercamiento muy personal por parte del autor. Diríamos que desde el ámbito de uso, el texto está escrito por un profesional probablemente relacionado con la docencia.
El tipo de discurso que nos encontramos es fundamentalmente expositivo. Se trata de dar información sobre el tema de la discriminación sexual en el lenguaje. Sin embargo, si tenemos en cuenta las particularidades del género ensayístico, podremos comprender que, a veces, por la manera de tratar el asunto, sobre todo en la conclusión, dudemos si expone o argumenta.
También tenemos muestras de narración cuando el autor cuenta la anécdota en boca de la madre.
La estructura de la exposición es inductiva: se expone la idea central después de examinar y ver distintos ejemplos; es decir, tenemos una estructura sintetizante.
Nos encontramos con algunos de los procedimientos que son propios de la organización de la información en estos textos: anécdotas en la línea 4, ejemplos, resúmenes en las líneas de la 12 a la 16, pregunta-respuesta en la línea 6, enumeraciones en las líneas 14 y 15…
Algunas características lingüísticas propias de la exposición que podemos resaltar del texto analizado son las siguientes:
-uso del presente intemporal en la línea 14-16: Es el caso de voces como hidalguía, caballerosidad, hombría de bien, etc. Su existencia es expresiva de la identificación subconsciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal.
-uso de aclaraciones, incisos, paréntesis, como en la línea 6, también era línea 13 y 14: …cuando queremos aplicarlas a una mujer (o mejor todavía, a persona de sexo no conocido) el resultado es un titubeo…
-oraciones enunciativas relacionadas con la objetividad, en la línea 9: Una persona ofendida escribe al director de una revista.
-el uso de la tercera persona, también relacionada con la objetividad, en la línea 12: Con estos ejemplos triviales se pone de manifiesto… (Además, la oración es impersonal).
 -la presencia también de plurales sociativos en la línea 13: que cuando queremos aplicarlas a una mujer…
 -oraciones atributivas en las líneas 14 a la16: Es el caso de voces como hidalguía, caballerosidad, hombría de bien, etc. Su existencia es expresiva de la identificación subconsciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal.
-la presencia de un estilo nominal en las líneas 12 y 13: el hecho de cómo muchas palabras que expresan cualidades, actitudes, etc., tradicionalmente tenidas por «viriles»,
-el léxico denotativo: todas las palabra tienen un solo significado.
-adjetivación escasa y la que encontramos es especificativa: en la línea 9: una persona ofendida; en la 12: ejemplos triviales; en la 16: sociedad patriarcal.
-la presencia de sustantivos abstractos, por ejemplo en la línea 12: cualidades, actitudes; en la 16: sociedad.

VALORACIÓN PERSONAL.
Si se está de acuerdo con la tesis fundamental del texto, que es la discriminación que sufre la mujer en nuestra sociedad, se ha de coincidir con el autor en que también en el lenguaje está presente esa desigualdad, pues el lenguaje, la manera de comunicarse, refleja lo que es la sociedad y lo que son las personas.
Durante las últimas décadas, en la sociedad occidental. se ha luchado por conseguir la igualdad. Esta lucha para evitar la discriminación se ha emprendido también en el lenguaje, como también se se está intentado en otros ámbitos. Ahora bien, en esta concienciación y lucha, desde mi punto de vista, se han cometido errores que van en contra del funcionamiento sintáctico de la lengua y de los principios que rigen la comunicación. En ciertos círculos, sobre todo políticos, ya no se utilizan los sustantivos masculinos para referirse a la generalidad de nombres masculinos y femeninos, se precisa y se dice, por ejemplo: señores diputados, señoras diputadas,… Sobre todo en contextos comunicativos en los que se valora lo políticamente correcto. Lo cierto es que ese lenguaje termina siendo farragoso desde el momento en que se nombra una vez en un discurso, pues se debería repetir  ya la distinción en todo él. Quiero decir, que el lenguaje sería redundante e iría en contra de la economía lingüística de los hablantes que se rigen por el principio del mínimo esfuerzo para comunicarse.
Otro factor a tener en cuenta es la premisa falsa de equiparar automáticamente lo que es un morfema gramatical que sirve para la concordancia, como es el morfema de género, con sexo masculino o femenino.
A todos nos conviene la igualdad, incluso aceptando la discriminación llamada positiva hacia las mujeres, presente, por ejemplo, en leyes como la ley de los maltratos, adopción… Me parece bien que en la familia, en la sociedad, en la educación, se luche por este derecho a la igualdad, pero en el caso del lenguaje, aunque hay indudablemente reminiscencias machistas, el cambio hacia la igualdad se tardará más en notar y, en algunos casos, no se podrá alcanzar porque las estructuras de un idioma no son sencillas de cambiar ni se pueden imponer por norma.

FUNCIONES DEL LENGUAJE.
Las funciones más importantes son:
 La funcion referencial o representativa, con la que el autor aporta información a través de reflexiones, contando anécdotas, poniendo de manifiesto la discriminación sexual en el lenguaje. Lo que se pretende es aportar una información previa de la que inferir la idea principal, que casi podemos considerar tesis, de que el lenguaje refleja una discriminación sexual. Esta función se refleja en el lenguaje con la actitud objetiva con la que el autor aborda el tema y con las siguientes características lingüísticas:
-uso del presente intemporal en la línea 14-16: Es el caso de voces como hidalguía, caballerosidad, hombría de bien, etc. Su existencia es expresiva de la identificación subconsciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal.
-uso de aclaraciones, incisos, paréntesis, como en la línea 6, también era línea 13 y 14: …cuando queremos aplicarlas a una mujer (o mejor todavía, a persona de sexo no conocido) el resultado es un titubeo…
-oraciones enunciativas relacionadas con la objetividad, en la línea 9: Una persona ofendida escribe al director de una revista.
-el uso de la tercera persona, también relacionada con la objetividad, en la línea 12: Con estos ejemplos triviales se pone de manifiesto… (Además, la oración es impersonal).
 -la presencia también de plurales sociativos en la línea 13: que cuando queremos aplicarlas a una mujer…
 -oraciones atributivas en las líneas 14 a la16: Es el caso de voces como hidalguía, caballerosidad, hombría de bien, etc. Su existencia es expresiva de la identificación subconsciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal.
-la presencia de un estilo nominal en las líneas 12 y 13: el hecho de cómo muchas palabras que expresan cualidades, actitudes, etc., tradicionalmente tenidas por «viriles»,
-el léxico denotativo: todas las palabra tienen un solo significado.
-adjetivación escasa y la que encontramos es especificativa: en la línea 9: una persona ofendida; en la 12: ejemplos triviales; en la 16: sociedad patriarcal.
-la presencia de sustantivos abstractos, por ejemplo en la línea 12: cualidades, actitudes; en la 16: sociedad.

También aparece en el texto la función metalingüística pues el autor utiliza el lenguaje para hablar del propio lenguaje; en concreto, las referencias machistas presentes en el lenguaje al analizar expresiones y palabras sexistas. Incluso, en el texto se enfatizan estas palabras recurriendo a procedimientos tipográficos como enmarcarlas en comillas o resaltarlas en letra cursiva: Con estos ejemplos triviales se pone de manifiesto el hecho de cómo muchas pala­bras que expresan cualidades, actitudes, etc., tradicionalmente tenidas por «viriles», han quedado acuñadas tan masculinamente que cuando queremos aplicarlas a una mujer (o mejor todavía, a persona de sexo no conocido) el resultado es un titubeo. Es el caso de voces como hidalguía, caballe­rosidad, hombría de bien, etc. Su existen­cia es expresiva de la identificación sub­consciente de varón con persona, que es típica de toda sociedad patriarcal”.

En menor medida también encontramos la función expresiva, sobre todo cuando la madre se refiere al valor de su hija. También, la actitud del autor roza la subjetividad: está exponiendo una idea que no es evidente por sí misma.

Podemos, por último, de la presencia de la función conativa: además de informar, parece que el emisor trata de convencer al lector, pues, aunque aparentemente el texto es objetivo, se aprecia que el autor milita en el bando de los convencidos de que es cierta su premisa de que existe discriminación sexual en el lenguaje.