viernes, 2 de diciembre de 2011

Comentario de texto de un fragmento de Edipo rey de Sófocles.


EDIPO.- ¿Esta invención es de Creonte o tuya?
TIRESIAS.- Creonte no es ningún dolor para ti, sino tú mismo.
EDIPO.- ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro saber en una vida llena de encontrados intereses! ¡Cuánta envidia acecha en ustedes, si, a causa de este mando que la ciudad me confió como un don -sin que yo lo pidiera-, Creonte, el que era leal, el amigo desde el principio, desea expulsarme deslizándose a escondidas, tras sobornar a semejante hechicero, maquinador y charlatán engañoso, que sólo ve en las ganancias y es ciego en su arte! Porque, ¡ea!, dime, ¿en qué fuiste tú un adivino infalible? ¿Cómo es que no dijiste alguna palabra que liberara a estos ciudadanos cuando estaba aquí la perra cantora[1]. Y, ciertamente, el enigma no era propio de que lo discurriera cualquier persona que se presentara, sino que requería arte adivinatoria que tú no mostraste tener, ni procedente de las aves ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo, Edipo, el que nada sabía, llegué y la hice callar consiguiéndolo por mi habilidad, y no por haberlo aprendido de los pájaros. A mí es a quien tú intentas echar, creyendo que estarás más cerca del trono de Creonte. Me parece que tú y el que ha urdido esto tendrán que lograr la purificación entre lamentos. Y si no te hubieses hecho valer por ser un anciano, hubieras conocido con sufrimientos qué tipo de sabiduría tienes.
CORIFEO.- Nos parece adivinar que las palabras de éste y las tuyas, Edipo, han sido dichas a impulsos de la cólera. Pero no debemos ocuparnos en tales cosas, sino en cómo resolveremos los oráculos del dios de la mejor manera.
TIRESIAS.- Aunque seas el rey, se me debe dar la misma oportunidad de replicarte, al menos con palabras semejantes. También yo tengo derecho a ello, ya que no vivo sometido a ti sino a Loxias, de modo que no podré ser  inscrito como seguidor de Creonte, jefe de un partido. Y puesto que me has echado en cara que soy ciego, te digo: Edipo rey, aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de desgracia te encuentras ni dónde habitas ni con quiénes transcurre tu vida. ¿Acaso conoces de quiénes desciendes? Eres, sin darte cuenta, odioso para los tuyos, tanto para los de allí abajo como para los que están en la tierra, y la maldición que por dos lados te golpea, de tu madre y de tu padre, con paso terrible te arrojará, algún día, de esta tierra, y tú, que ahora ves claramente, entonces estarás en la oscuridad. ¡Qué lugar no será refugio de tus gritos!, ¡qué Citerón[2] no los recogerá cuando te des perfecta cuenta del infausto matrimonio en el que tomaste puerto en tu propia casa después de conseguir una feliz navegación! Y no adviertes la cantidad de otros males que te igualarán a tus hijos. Después de esto, ultraja a Creonte y a mi palabra. Pues ningún mortal será aniquilado nunca de peor forma que tú.

Contextualización de este fragmento dentro de la obra a la que pertenece.
La ciudad de Tebas sufre una epidemia de peste de la que no son capaces de librarse. El pueblo clama ante su rey, Edipo, para que busque una solución. Una de las iniciativas que había tomado el monarca era consultar en el santuario de Delfos cuál era la causa de ese mal. Esa embajada había sido encomendada a Creonte, cuñado de Edipo. La otra, una vez que hubo respuesta del santuario dedicado a Febo –no dejar inmune el delito de la muerte del anterior rey, Layo, que fue asesinado por unos bandoleros- era consultar al adivino Tiresias qué sabía éste de todo ese suceso. El texto se enmarca en el momento que el adivino ciego le ha dicho, muy a pesar suyo pues no quería hablar, que el causante de ese mal, y se sobreentiende que del crimen, era el propio Edipo. Cuando el rey oye esta acusación le recrimina todo lo que viene en el texto; es decir, de no ser fiables en sus predicciones y de estar confabulado con Creonte para que este asuma el gobierno de la ciudad.
Situación de la obra a la que pertenece el fragmento y su autor en su contexto histórico-literario.
Edipo rey es una tragedia de Sófocles. El origen del teatro está ligado al culto de Dionisio; es decir, tiene un origen religioso. Desde el punto de vista de la historia de la literatura, el teatro, como género literario es posterior a la épica. Podemos situar el comienzo del teatro en el siglo VI antes de Cristo. El teatro era un espectáculo público. Se escribía pensando en su representación, que era un acontecimiento esperado por todo el pueblo. A la función acudía prácticamente toda la sociedad griega. El teatro, y más concretamente la tragedia, se relaciona con la democracia y cumplía principalmente dos funciones: la cohesión social, -junto al papel de la religión como unificadora de una misma cosmovisión-; y la educación en la transmisión de una serie de valores. En ocasiones, se presenta al personaje principal como modelo de comportamiento político ya caduco –pues muchas piezas están ambientadas en épocas pasadas-, no acorde al tipo de político que rige la ciudad en el momento en que se representa la obra, la democracia. Otra función de la tragedia es la catarsis que produce en los espectadores al liberarles de los males del espíritu al plantearse conflictos relacionados con temas existenciales. Y en esta obra, observamos también la presencia de Hybris –junto a Catarsis, ya comentado, son dos conceptos formulados por primera vez por Aristóteles-, que es la desmesura, la soberbia del héroe que cree poder desafiar al destino. Edipo, pero también la mayor parte de los personajes –Yocasta, Layo, el pastor que salvó a Edipo-, creen poder liberarse de su destino y luchan contra él, aunque al final el designio de los dioses se cumple de manera inflexible.
La obra fue escrita por uno de los tres grandes triunfadores del teatro de Dionisios o, al menos, los tres autores trágicos de los que conservamos obras completas, Sófocles, junto a  Esquilo y Eurípides. Como novedad en el desarrollo del género, Sófocles, con respecto a Esquilo, introdujo  en la escena un tercer actor, relegó el coro a un segundo plano y perfeccionó la técnica dramática.  Por otra parte, sus diálogos poseen gran belleza en los que intercala algunas veces pinceladas cómicas, sobre todo en las intervenciones del corifeo, como es el caso de la obra de la que hablamos.
Sus personajes, aunque proceden de las leyendas y mitos, tienen un carácter realista, próximos a modelos de comportamientos de sus época –la Atenas de Perícles. Escribió 123 tragedias de las que conocemos siete: “Edipo   Rey”,” Electra”, “Ayax”, “Antígona”, “Edipo en Colona”, “Las Traquinianas “y “Filóctetes”.

Análisis del contenido y forma del texto (estructura, tema o temas, tipología textual, género y rasgos estilísticos)
Estructura externa.
            El texto es un fragmento de la tragedia Edipo rey, de Sófocles. Está escrita en prosa. El tipo de discurso más importante es el diálogo, aunque también encontramos muestras de descripción, narración y argumentación.  
Estructura interna.
            El fragmento hay que situarlo en la escena en la que Tiresias le ha dicho a Edipo que él es el causante de las desgracias que sufren los tebanos. Así, según este contexto, el fragmento lo podemos dividir en tres partes.
            La primera correspondería a la intervención de Edipo, de la línea 1 a la 16. Este parlamento es una reacción a la acusación que le ha hecho Tiresias. El rey, colérico, cree que está al servicio de Creonte, su cuñado, y que buscan los dos el gobierno de la ciudad –pues si se quiere solucionar la peste, el causante de la muerte de Layo, o sea, el propio Edipo, debería desterrarse. Por eso, el rey intenta desacreditar al adivino al reprocharle que no fuera capaz de acertar los enigmas de la Esfinge.
            La segunda, línea 17 a la 19, corresponde a la intervención del corifeo, que les aconseja que dejen de lado las rencillas personales y se centren en el cumplimiento del oráculo.
            La tercera parte, de la línea 20 hasta el final, corresponde a la defensa y réplica que realiza Tiresias de las acusaciones de  Edipo en el sentido de que él no está sometido políticamente ni a éste ni a Creonte. Y le vuelve a reprochar que no sea consciente de su situación personal, de que está casado con su madre y de que es odiado por los suyos. También, le predice que se tendrá que retirar ciego en el Citerón y le anticipa los males que sufrirán sus hijos por su causa.
Temas.
La obcecación de Edipo que solo ve traiciones en las personas a las que consulta cuando éstas dicen algo que va en contra de él.
Por otra parte, la importancia de las predicciones en la vida de la antigua Grecia. 
Tipología textual.
El texto pertenece a una obra de teatro. El discurso fundamental es el diálogo, aunque ya se ha mencionado la presencia de otros cuando se ha analizado la estructura externa. El principal es el diálogo teatral que reproduce lo que dicen los personajes en estilo directo. El parlamento está precedido del nombre del personaje que habla. En el teatro no hay partes narrativas, aunque sí pequeñas descripciones en las acotaciones, que, sin embargo, no encontramos en el fragmento. En estos diálogos encontramos otros discursos: narración, por ejemplo, cuando Edipo recuerda a Tiresias cómo fue él el que acertó el enigma de la Esfinge, l.11 y 12; pequeñas descripciones, como la que realiza Edipo de Tiresias: …tras sobornar a semejante hechicero, maquinador y charlatán engañoso, que sólo ve… l. 6 y 7. Incluso, observamos argumentaciones, como la que realiza el protagonista para desacreditar lo dicho por el adivino. Las razones que esgrime éste en su respuesta, también forman parte de una argumentación.
Género literario.
El fragmento analizado pertenece al género dramático, en concreto, es una tragedia. Ésta trata temas serios y transcendentales. Se recrean conflictos en unos personajes –normalmente nobles- relacionados con leyendas o la historia que actúan condicionados por el peso del destino y aunque luchan contra él, siempre sucumben; en otros casos se mueven condicionados por una pasión irrefrenable que les lleva a la muerte. El final es siempre trágico. En la presente obra, Edipo lucha durante su vida contra un destino marcado por los dioses antes de su nacimiento, pero, al final es irremediable cumplido.        
            Otra característica de la tragedia griega es la presencia de un coro que deambula por la orchéstra que tiene como misión dramática comentar o ampliar lo que sucede a los personajes. Su representante es el corifeo. Éste entabla conversación con los personajes y, como en este caso, con un carácter práctico les recuerda cuál es la preocupación principal, que no es la disputa entre ellos, sino el cumplimiento de lo mandado en los augurios para resolver la peste.
Los distintos personajes eran representados tan solo por tres actores que se repartían los papeles, por lo que en escena nunca había más de tres. Estos, aparte de una vestimenta particular, representaban con máscaras o carátulas que variaban según el carácter de los personajes.
            En cuanto al espacio donde transcurría la acción, por lo menos en esta obra, es el palacio del rey, de donde sale y entra Edipo y Yocasta. Las dos puertas laterales servían para lo siguiente: la izquierda, para que entraran los personajes que llegaban del campo, como por ejemplo, Tiresias; la puerta de la derecha, para los que llegaban de la ciudad, por ejemplo, Creonte; la puerta central del escenario es la puerta principal del palacio.
            Otra característica de la tragedia griega es que ésta no está dividida en actos ni escenas. La representación se efectúa sin pausas.
Rasgos estilísticos.
            Un mérito de la obra es la presencia de unos diálogos naturales, ágiles, directos y creíbles que se amoldan al momento del conflicto que se desarrolla, pero, al mismo tiempo, son muy ricos desde el punto de vista literario, y todo ello teniendo en cuenta la naturaleza del conflicto que se plantea, que no es que sea de un desarrollo fácil.
            En cuanto a la prosodia hemos de partir de la actitud y del estado anímico de cado uno de los personajes. El más sensato y ecuánime corresponde al corifeo, que en medio de la discusión, de manera fría y objetiva, intenta reconducir el estado alterado de los otros personajes con una entonación enunciativa: Pero no debemos ocuparnos en tales cosas, sino… l.18 En cambio, los discursos de los otros personajes son sintomáticos del estado colérico en el que se encuentran por lo que encontramos entonación exclamativa e interrogativa: Edipo: ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro saber en una vida llena de encontrados intereses! ¡Cuánta envidia…l. 3 y 4; Tiresias: ¿Acaso conoces de quiénes desciendes?... ¡Qué lugar no será refugio de tus gritos! L.24
            Predomina el dinamismo a pesar de que ciertas partes del discurso son argumentativas. Ese dinamismo se consigue con la presencia de oraciones no muy extensas. Estas oraciones, por otra parte, son unidas con el conectivo lógico y al comienzo de la cláusula sirviendo al mismo tiempo como enlace lógico que permite la deducción lógica de la secuencia. Este dinamismo se acrecienta además con la escasez de descripciones. El uso de adjetivos, la mayoría epítetos o valorativos, sirven para orientar la opinión o juicio que emite sobre todo Edipo  cuando juzga el comportamiento del adivino: semejante hechicero, charlatán engañoso; también para referirse negativamente a la Esfinge, cuando la llama “perra cantora”.
            No obstante, el discurso en ciertas partes se dota de la solemnidad propia del género dramático y del personaje que habla con un estilo enfático y grandilocuente, tanto en el rey, como en Tiresias, sobre todo al principio con esa serie de oraciones exclamativas: ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro saber en una vida llena de encontrados intereses! ¡Cuánta envidia acecha en ustedes… L. 3 y siguientes. O las de Creonte, al final: ¡Qué lugar no será refugio de tus gritos!, ¡qué Citerón[3] no los recogerá cuando te des perfecta cuenta del infausto matrimonio en el que tomaste puerto en tu propia casa después de conseguir una feliz navegación!, l. 28 y siguientes.
            La actualidad del conflicto que se representa y el acercamiento del mismo al público se consigue con verbos en presente: es, aventajas, acecha, dime… Estos verbos son casi todos de acción con lo cual se logra dinamismo.
            Y por último nos encontramos con un discurso literario con una profusa utilización de recursos propios de esta modalidad. Hay metáforas impuras: Creonte no es un dolor para ti, sino tú mismo, l. 2. Se utiliza el término metafórico dolor para significar problema, o, incluso, enemigo. Se utilizan estos términos como metonimia: los enemigos causan dolor, problemas; el síntoma, por el mal. Hay otra metáfora pura cuando se utiliza el término despectivo en la l. 9, la perra cantora, para referirse a la Esfinge, que Edipo logra vencer al adivinar la respuesta a los enigmas y Tiresias no. Hay otra al final, en la línea 29: ¡qué Citerón no los recogerá cuando te des perfecta cuenta del infausto matrimonio en el que tomaste puerto en tu propia casa después de conseguir una feliz navegación! En primer lugar nos encontramos con una metonimia: un paisaje concreto, como el del monte Citerón, para referirse a cualquier sitio aislado e inhóspito. Por otra parte, la vida de Edipo desde que huye de la corte de Corinto para no estar en contacto con sus padres, hasta que llega a Tebas y se casa con Yocasta, se presenta con una metáfora marinera muy manida en la literatura griega: la navegación –huida- y llegada a puerto –casamiento.
Hay varias enumeraciones, algunas en gradación, que sirven para intensificar enfáticamente el dolor y acrecentar la sensación de soledad del protagonista: l. 3 ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas… También encontramos enumeración en las l. 5 y 6: Creonte, el que era leal, el amigo desde el principio, desea expulsarme deslizándose a escondidas, tras sobornar a semejante hechicero, maquinador y charlatán engañoso. Con esta serie de insultos, Creonte desacredita los vaticinios del adivino.
Desacredita también a Tiresias con una paradoja en la l. 7: que sólo ve en las ganancias y es ciego en su arte. Tiresias no solo carece de vista, sino que es nulo como adivino. Y tan solo se preocupa por sacar provecho en cualquier circunstancia. Y con otra paradoja le responde Tiresias en la l. 23: Edipo rey, aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de desgracia te encuentras. También en la l. 27: y tú, que ahora ves claramente, entonces estarás en la oscuridad. En este último caso, encontramos también antítesis: ver claramente / obscuridad.
Otra de las cualidades de los diálogos es el ritmo conseguido en parte por la repetición de la modalidad de los enunciados, en parte por la extensión similar de palabras de los mismos y además con otros recursos como la presencia de anáforas y paralelismos como en la l. 28: ¡Qué lugar no será refugio de tus gritos!, ¡qué Citerón[4] no los recogerá
Valoración personal de la obra.
El texto es muy representativo del conflicto y el desarrollo de éste en la obra. El corifeo, en representación del coro, formado por un conjunto de ciudadanos de Tebas que se muestran desolados, recuerda cuál es el problema, la epidemia que asola a la población, y la necesidad de cumplir el mandato del santuario de Delfos, la búsqueda de los culpables de la muerte de su anterior rey, Layo.
El adivino Tiresias, muy a pesar suyo, le dice que el responsable de todo lo que sucede es él y Edipo no es capaz de creérselo. Además, le vaticina lo que ya es inevitable: su salida de la ciudad siendo ciego y las desgracias que sufrirán sus hijos por culpa de él. Por cierto, en el texto sale un tema recurrente en la obra: el desprestigio de los adivinos y la infalibilidad de sus presagios como interpretación del deseo de los dioses. El desprecio con el que Edipo trata a Tiresias es el mismo con el que Agamenón trata a Calcante en la Iliada; los dos reyes les acusan de estar obsesionados con el poder y con la riqueza. Este desprecio por los vaticinios lo vemos en esta misma obra cuando Yocasta intenta convencer a su marido de que no crea en ellos. Sin embargo, éstos se cumplen y los augures no mienten.
Por otra parte, Edipo, en su parlamento, hace mención a su pasado: cómo adivina los enigmas de la Esfinge y cómo accede al trono de Tebas. La sabiduría de antaño resalta con la obcecación casi infantil del momento dramático que se representa. Esta situación es comentada por el coro en otro parte de la obra en la que resalta la inestabilidad del éxito: Edipo aclamado, lúcido por descifrar el enigma antes; ahora, obcecado, enrabietado, por no darse cuenta de su situación que le condicionará de tal manera que tendrá que salir de la ciudad que antes le acogió como un héroe. Es el tema de la rueda de la Fortuna.
Llama la atención del lector moderno el peso del destino en los personajes de la literatura griega. Hoy la libertad es un principio básico del proyecto vital de cada persona. Este libre albedrío no existía en la concepción del mundo clásico. Son los dioses los que marcan los designios de los seres humanos y cuando éstos no cumplen lo que se les ordena, las consecuencias son nefastas no solo para ellos, sino para sus descendientes. La culpa de Edipo es haber nacido; ése es su mal, pues a su padre, Layo, las divinidades le habían prohibido tener descendencia. El debe arrostrar en su vida ese pecado paterno y aunque intenta huir para no enfrentarse al designio de Febo, el destino le conduce a encontrarse con sus padres de la manera más rocambolesca: a su padre en un cruce de caminos; a su madre, sin saberlo, en Tebas donde asume el poder. Es sorprendente que las culpas de esos errores también las deban padecer incluso los ciudadanos. Muerto Layo sin castigo para los culpables, la ciudad se ve asolada por una epidemia de peste; esta es la expiación que los ciudadanos han de pagar por la desobediencia de su mandatario. Y no es una desgracia menor: la ciudad se está quedando sin habitantes.
El personaje de Edipo causa extrañeza y ambivalencia en el afecto del lector. Por una parte, sufre con él porque sabemos que es un ser bueno que ha intentado no causar mal a sus padres; sabemos también que es un buen gobernante, que no ha estado con los brazos cruzados ante el grave problema de la ciudad y que realmente siente dolor con su pueblo. Pero, por otra, nos desasosiegan las reacciones de cólera y su inseguridad con todos los personajes a los que se enfrenta porque estos le dicen una verdad que no entiende: primero con Tiresias, después con su cuñado Creonte, con el pastor, el único testigo de su origen y del crimen que cometió; incluso, la relación  con Yocasta, su esposa y madre que sabedora de todo intenta proteger la integridad de Edipo intentando que ignore su pasado. La obsesión por saber, él que era el hombre más inteligente, capaz de vencer a Esfinge, es la causa al final de su desgracia. La cara y la cruz que están unidas en la misma persona. No obstante, la dignidad y la humanidad del personaje son las protagonistas al final de la obra. Edipo, aunque no lo logra, intenta evitar el suicidio de su esposa y su madre. Y después está apenado por el futuro que les espera sobre todo a sus hijas, consciente de que estarán indefensas pues nadie las querrá por esposas. A su vez, el cumple sus irreflexivas promesas: se estalla los globos oculares para no volver a ver y sale desterrado de la ciudad camino del Citerón a morir donde debería haber muerto cuando era un bebé.




[1] Edipo llega a tebas, donde la Esfinge (monstruo mitad león, mitad mujer) planteaba enigmas a todos los que por allí pasaban y devoraba a aquellos que no los resolvían. Hasta entonces nadie había resuelto los enigmas, lo que horrorizaba a los tebanos. El principal enigma que planteaba era éste: ¿cuál es el ser que anda con dos, con tres, o con cuatro, y es más débil cuando utiliza más patas? Edipo acertó: el hombre, que gatea de pequeño, de mayor va con dos y de viejo se ayuda de un bastón. La Esfinge, despechada, se precipitó desde una roca al abismo, y con ello se acabó el temor entre los tebanos.
[2] Citerón es un macizo montañoso de la zona central de Grecia, entre el Ática al sur, Beocia al norte y Megara, muy célebre en las leyendas por las musas que ahí se decía habitaban y por el culto a Dioniso que se rendía en este lugar.
El Citerón mide 16 km.  Está compuesto principalmente de roca caliza y alcanza los 1409 m .Este macizo fue el escenario de numerosos sucesos de la mitología griega. Edipo fue entregado por Yocasta, su madre, a un pastor de Layo para que muriera abandonado en este monte después de atarle los tobillos para que muriera, pero se lo entregó a un pastor de Pólibo.
[3] Citerón es un macizo montañoso de la zona central de Grecia, entre el Ática al sur, Beocia, al norte y Megara, muy célebre en las leyendas por las musas que ahí se decía habitaban y por el culto a Dioniso que se rendía en este lugar.
El Citerón mide 16 km. Está compuesto principalmente de roca caliza y alcanza los 1409 m .Este macizo fue el escenario de numerosos sucesos de la mitología griega. Edipo fue entregado por Yocasta, su madre, a un pastor de Layo para que muriera abandonado en este monte después de atarle los tobillos matarlo, pero se lo entregó a un pastor de Pólibo en esta montaña.
[4] Citerón es un macizo montañoso de la zona central de Grecia, entre el Ática al sur, Beocia, al norte y Megara, muy célebre en las leyendas por las musas que ahí se decía habitaban y por el culto a Dioniso que se rendía en este lugar.
El Citerón mide. 16 km Está compuesto principalmente de roca caliza y alcanza los 1409 m .Este macizo fue el escenario de numerosos sucesos de la mitología griega. Edipo fue entregado por Yocasta, su madre, a un pastor de Layo para que muriera abandonado en este monte después de atarle los tobillos matarlo, pero se lo entregó a un pastor de Pólibo en esta montaña.

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