viernes, 16 de noviembre de 2012

Comentario de texto de un fragmento de la Odisea


Y, en estando tan lejos cuanto se deja oír un hombre que grita, hablé al Ciclope con estas mordaces palabras:
—¡Ciclope! No debías emplear tu gran fuerza para comerte en la honda gruta a los amigos de un varón indefenso. Las consecuencias de tus malas acciones habían de alcanzarte, oh cruel, ya que no temiste devorar a tus huéspedes en tu misma morada; por eso Zeus y los demás dioses te han castigado.
Así le dije; y él, airándose más en su corazón, arrancó la cumbre de una gran montaña, arrojóla delante de nuestra embarcación de azulada proa, y poco faltó para que no diese en la extremidad del gobernalle[1]. Agitose el mar por la caída del peñasco y las olas, al refluir desde el ponto[2], empujaron la nave hacia el continente y la llevaron a tierra firme. Pero yo, asiendo con ambas manos un larguísimo botador[3], echela al mar y ordené a mis compañeros, haciéndoles con la cabeza silenciosa señal, que apretaran con los remos a fin de librarnos de aquel peligro. Encorváronse todos y empezaron a remar. Mas, al hallarnos dentro del mar, a una distancia doble de la de antes, hablé al Ciclope, a pesar de que mis compañeros me rodeaban y pretendían disuadirme con suaves palabras unos por un lado y otros por el opuesto:
—¡Desgraciado! ¿Por qué quieres irritar a ese hombre feroz que con lo que tiró al ponto hizo volver la nave a tierra firme donde creíamos encontrar la muerte? Si oyera que alguien da voces o habla, nos aplastaría la cabeza y el maderamen del barco, arrojándonos áspero peñón. ¡Tan lejos llegan sus tiros!
Así se expresaban. Mas no lograron quebrantar la firmeza de mi corazón magnánimo; y, con el corazón irritado, le hablé otra vez con estas palabras:
—¡Ciclope! Si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te privó del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Itaca.
Así dije: y él, dando un suspiro, respondió: —¡Oh dioses! Cumpliéronse los antiguos pronósticos. Hubo aquí un adivino excelente y grande, Telémaco Aurímida, el cual descollaba en el arte adivinatoria y llegó a la senectud profetizando entre los cíclopes; éste, pues, me vaticinó lo que hoy sucede: que sería privado de la vista por mano de Odiseo. Mas esperaba yo que llegase un varón de gran estatura, gallardo, de mucha fuerza; y es un hombre pequeño, despreciable y menguado quien me cegó el ojo, subyugándome con el vino. Pero, ea, vuelve, Odiseo, para que te ofrezca los dones de la hospitalidad y exhorte al ínclito dios que bate la tierra, a que te conduzca a la patria; que soy su hijo y él se gloria de ser mi padre. Y será él, si te place, quien me curará y no otro alguno de los bienaventurados dioses ni de los mortales hombres.
Habló, pues, de esta suerte; y le contesté diciendo:
—¡Así pudiera quitarte el alma y la vida, y enviarte a la morada de Hades, como ni el mismo dios que sacude la tierra te curará el ojo!
Así dije. Y el Ciclope oró en seguida al soberano Poseidón alzando las manos al estrellado cielo:
 —¡Oyeme, Poseidón que ciñes la tierra, dios de cerúlea[4] cabellera! Si en verdad soy tuyo y tú te glorias de ser mi padre, concédeme que Odiseo, asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Itaca, no vuelva nunca a su palacio. Mas si le está destinado que ha de ver a los suyos y volver a su bien construida casa y a su patria, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder todos los compañeros, y se encuentre con nuevas cuitas en su morada!
Así dijo rogando, y le oyó el dios de cerúlea cabellera. Acto seguido tomó el Ciclope un peñasco mucho mayor que el de antes, lo despidió, haciendo voltear con fuerza inmensa, arrojóse detrás de nuestro bajel de azulada proa, y poco faltó para que no diese en la extremidad del gobernalle. Agitóse el mar por la caída del peñasco, y las olas, empujando la embarcación hacia adelante, hiciéronla llegar a tierra firme.

Situación de la obra a la que pertenece el fragmento y su autor en su contexto histórico-literario.
La Odisea, junto a la Iliada, son los dos grandes poemas épicos de la literatura griega que nos han llegado completos. No son los únicos, pues hay referencias de que existieron otros.
No se sabe con exactitud ni quién los compuso ni en qué fecha, pero la mayoría de los historiadores literarios se inclinan por pensar que pertenecen al siglo VIII antes de Cristo y que su autoría corresponde a Homero del que apenas conocemos datos precisos. No obstante, desde la antigüedad se ha creído que él fue quien redactó los dos poemas partiendo de cantos aislados que recitaban rapsodas. Diríamos que Homero lo que hizo fue refundir esos episodios o cánticos y darles una organización. Los dos poemas giran en torno a la conquista de Troya: la Iliada termina con la conquista de la ciudad y narra unos cincuenta días de guerra previos; y la Odisea se centra en la vuelta a casa, a Itaca, de uno de los héroes aqueos que participó en esa campaña guerrera: Ulises.
Las dos obras son poemas épicos con unas características similares, aunque la Odisea es más fantástica. Cantan las hazañas de héroes del pasado y la intervención de los dioses en el devenir de los hechos narrados.
Contextualización de este fragmento dentro de la obra a la que pertenece.
El texto es un fragmento de la segunda parte de la Odisea, El retorno de Ulises, cantares V al XIV, que se centran en las aventuras que vive el protagonista de regreso de la conquista de Troya hacia Itaca, su tierra natal. En su periplo por el Mediterráneo llega a distintas cortes. Él mismo, como en este fragmento perteneciente al cantar IX, narra sus aventuras hasta ese momento a los reyes que le han acogido.
La primera parte, La Telemaquia, (Cantos I-IV), narra el viaje de Telémaco, hijo de Ulises, a la corte de Néstor, en Pilos, y a la de Menelao, en Lacedonia, para pedir noticias acerca de su padre. Y la tercera parte, La venganza de Ulises, (cantos XIV-XXIV) comienza cuando Ulises llega a su patria Itaca disfrazado de mendigo con la intención de conocer cuál es la situación en la que se encuentra su palacio, su familia y sus criados. Comprueba quién le ha sido fiel y quién no, y después prepara su venganza contra los pretendientes de su esposa Penélope y de aquellos criados que habían colaborado con los pretendientes. (canto XXIV).

La importancia del fragmento viene dada por la profecía en forma de deseo que el cíclope Polifemo hace a su padre el dios Poseidón: que el regreso del héroe a su tierra, si se llega a efectuar, se retrase todo el tiempo posible, y que se presente solo y sin sus embarcaciones. Esta prolepsis sirve para preparar al receptor de lo que puede esperar de la acción de la narración. Y, efectivamente, el deseo del cíclope se cumplirá al pie de la letra.

Análisis del contenido y forma del texto (tema o temas; estructura, tipología textual, género y rasgos estilísticos)
Estructura externa.
El texto es un fragmento de la Odisea, poema épico del siglo VIII antes de Cristo, atribuido a Homero.
Se trata de un texto fundamentalmente narrativo, aunque hay mucho diálogo. Sin embargo, en el texto nos encontramos alguna descripción breve pero precisa, 23/24 Mas esperaba yo que llegase un varón de gran estatura, gallardo, de mucha fuerza; y es un hombre pequeño, despreciable y menguado…

Estructura interna.
El fragmento lo podemos dividir en dos partes:
La primera parte, de la línea 1 a la 17, que corresponde a la primera provocación de Odiseo al cíclope quien lanza un gran pedrusco a la nave de los griegos consiguiendo, al originar una gran ola, que regrese a la playa.
La segunda parte, desde la 18 hasta el final, que correspondería a la segunda provocación de Odiseo que desea que el monstruo sepa quién le ha herido. Al saber el nombre del agresor confirma el vaticinio que sobre esos hechos le había anticipado el adivino Telémaco Aurída e intenta engañar al protagonista para que regrese y poderle prestar sus respetos. Ante la negativa, les lanza un nuevo peñasco, pero ahora el proyectil se aproxima a la popa y el oleaje producido les impulsa favorablemente para alejarse.
Temas.
El deseo de gloria de Ulises al procurar que Ciclope propagara quién le había vencido.
La astucia de Ulises al no dejarse engañar por el Ciclope.
El poder de los dioses que intervienen en la vida de los hombres controlando todos sus actos.
Tal vez el tema central del texto sea el primero, es decir, el deseo de gloria de Ulises, que se presenta como un héroe. De todos modos, los otros dos, junto a este, son los temas más importantes de la obra. La cualidad con la que Ulises ha sido presentado tanto en la Odisea, como anteriormente en la Iliada, es su astucia. Y, por otra parte, el devenir de los acontecimientos y lo que pasa a los protagonistas es decisión de los dioses que les protegen o van en contra de ellos; a los hombres solo les queda aceptar el destino que para ellos han elegido las divinidades.
Resumen.
Odiseo y su tripulación se han alejado de la isla donde moraba Ciclope y cuando Odiseo calculó que ya no corrían peligro  le reprocha que nos les acogiera como huéspedes y por ese motivo Zeus le había castigado. Al oírle, agarró un gran peñasco  y se lo arrojó. No acertó, pero cayó muy próximo a la proa y originó una gran ola que les llevó de nuevo al punto de partida. De nuevo, en silencio para que no les oyera Ciclope, se alejan de la playa, y ahora a doble distancia, otra vez Odiseo, a pesar de la oposición de sus hombres que creían temerarias esas provocaciones, se dirige a Ciclope para que sepa quién ha sido el causante de su ceguera; es decir, que ha sido él quien le engañó e hirió. Al oír el nombre de Odiseo, el monstruo se da cuenta del acierto de una profecía antigua que le anticipó lo que le acababa de pasar e intenta convencer con palabras amables a Odiseo para que regrese a la isla y darle hospitalidad. Pero Odiseo no solo no le hace caso sino que le desea la muerte. Ante esto, el monstruo se dirige a Poseidón, su padre y deidad del mar, para que le castigue impidiendo o retrasando la llegada a su patria. Además, les arroja otra vez una gran piedra para hundirlos, mas esta vez lo que hace es impulsarlos para alejarlos.
Tipología textual.
El texto es fundamentalmente una narración. Un narrador protagonista cuenta unos hechos en los que ha participado. Esto es así en este fragmento porque hay un auditorio que escucha sus aventuras. Sin embargo, no es una narración exclusiva en primera persona pues reproduce los diálogos en estilo directo introduciendo éstos con verbos en 3ª persona: Así  se expresaban 16; habló 28… Es decir, no todo el texto es una narración sino que encontramos parlamentos aislados de los diálogos que entablan los personajes. Y además encontramos pequeñas descripciones como la efectuada por Ciclope al referirse a Ulises,  l. 23 …un varón de gran estatura… Además, con adjetivos explicativos, casi todos epítetos, describe muchos actos y personajes: mordaces palabras 1, honda gruta 2, Poseidón que ciñes la tierra, dios de cerúlea cabellera 32,…

Género literario.
Enlazando con lo dicho anteriormente esta narración es una epopeya o poema épico o cantar de gesta, que ensalza la personalidad de un héroe que había participado activamente en la conquista de Troya. Si la Iliada es poema de guerreros, la Odisea es un poema protagonizado por marineros. Se trata de un largo poema escrito en versos hexámetros dáctilos que se organizan en 24 cantos. El origen de estas epopeyas son cánticos aislados referentes a un mismo hecho[5] o personaje que son refundidos por un poeta, se supone que Homero, que les perfila y cohesiona se calcula que en el siglo VIII a. de Cr. Esos cantos, y los poemas épicos son recitados por profesionales que son capaces de aprender o improvisar los versos del poema. En muchos casos, estos cantares tenían un carácter noticiero. Poco antes de empezar Ulises a contar sus aventuras en la corte del rey Alcínoo en el canto VIII y antes de darse a conocer, el aedo ciego de la corte cuenta pasajes de la conquista de Troya, antes que el propio Ulises hubiera regresado a casa; por tanto, no podían haber pasado muchos años.
Las características fundamentales de los poemas épicos son la presencia importantísima de temas y seres mitológicos, empleo de arcaísmos en el momento de refundición, el uso de fórmulas propias del lenguaje oral recitado: repetición de pasajes enteros o con pequeñas variantes, caracterización con  repetitivos epítetos, especialmente a los protagonistas (epíteto épico), la posposición de un verbo declarativo después de un parlamento: Así dije, l.20…
Rasgos estilísticos.
Desde el punto de vista prosodemático distinguimos entre las partes narradas en las que la entonación es enunciativa como corresponde a la relación de hechos, de las partes dialogadas en las que predomina una entonación más variada sobresaliendo la exclamativa propia de los vocativos o apóstrofes: ¡Ciclope! 2, ¡Desgraciado! 13… También vemos enunciados exhortativos o desiderativos que por el contexto en el que se enuncian, gritando, pretendiendo herir con las palabras, serían enunciados con una entonación exclamativa: Pero, ea, vuelve, Odiseo, para que…24; ¡Óyeme, Posidón…!32; ¡Así pudiera quitarte el alma y la vida…! 29
Desde un punto de vista morfosintáctico destacamos la utilización de adjetivos explicativos, muchos de ellos epítetos, que sirven para describir y resaltar características de los propios sustantivos: 1 mordaces palabras, 2 honda cueva,  6 de azulada proa, 8 un larguísimo botador, 11 suaves palabras, l8 los mortales hombres, 32 de cerúlea cabellera…
Un uso característico de los poemas épicos es el empleo de epítetos épicos utilizados para describir a los personajes de manera rápida y repetitiva: 32 Poseidón que ciñes la tierra, dios de cerúlea cabellera… 33 Odiseo, asolador de ciudades, hijo de Laertes.
En cuanto al uso de los verbos distinguimos el pretérito perfecto utilizado en las partes narrativas, hablé, dije, arrancó…, del presente, te pregunta, quieres irritar, soy… y de formas exhortativas, no debías emplear, vuelve..., utilizados en los diálogos.
Por otra parte, predominan los verbos de acción sobre los de estado, como es normal en la narración de hechos: empujó, agitose, llevaron
En cuanto a las oraciones, predominan las compuestas. Y distinguimos entre las utilizadas en los diálogos y las utilizadas en las partes narrativas. En los diálogos predominan las subordinadas adverbiales impropias: finales, causales en 2/3.
Mientras que en las partes narrativas predominan las coordinadas copulativas que permiten que la acción avance: 5… y él, airándose más en su corazón, arrancó la cumbre de una gran montaña, arrojóla delante de nuestra embarcación de azulada proa, y poco faltó para que no diese en la extremidad del gobernalle y él, airándose más en su corazón, arrancó la cumbre de una gran montaña, arrojóla delante de nuestra embarcación de azulada proa, y poco faltó para que no diese en la extremidad del gobernalle. También propias de la narración es el uso de subordinadas adverbiales propias de tiempo, modo y lugar para situar en el tiempo, en el espacio los hechos narrados: 10 Mas, al hallarnos dentro del mar, hablé al Ciclope… También encontramos subordinadas adjetivas que sirven para caracterizar o precisar: 25 …al ínclito dios que bate la tierra.
Una de las características propias de los poemas épicos es la repetición de fórmulas o expresiones ligadas a un personaje. Cuando Ciclope se refiere a su padre Poseidón lo hace con la siguiente fórmula: 26 y 32 que soy su hijo y él se gloria de ser mi padre.
Los sustantivos empleados son sobre todo concretos al referirse la narración a hechos que se perciben con los sentidos, son acciones externas: peñasco, bajel de azulada proa, olas, palabras…
Figuras literarias:
Anadiplosis[6] y metáfora. No lograron quebrantar la firmeza de mi corazón magnánimo; y, con el corazón irritado… La primera porque la palabra corazón con la que termina una oración, es utilizada al principio de la siguiente. Y la segunda porque está utilizando un término metafórico, como es corazón, por ser el órgano que se asocia al sentimiento, con un término real que sería el ánimo, la disposición anímica.
En las l. 23/24 hay un pequeño retrato de Ulises efectuado por Ciclope que pretende ridiculizarlo o crear una caricatura, -hay que tener en cuenta que él es un gigante: …esperaba yo que llegara un varón de gran estatura, gallardo, de mucha fuerza; y es un hombre pequeño, despreciable y menguado… Al mismo tiempo es una enumeración de cualidades externas e internas.
Valoración personal de la obra.
Lo primero que llama la atención es la propia narración, su estructura y la forma de contar los hechos. Es llamativo y un acierto innegable el cambio de perspectiva del narrador. En la obra se pasa de un narrador omnisciente en tercera persona a uno en primera persona, con lo cual se cambia la perspectiva y consigue  cambiar el ritmo de la narración. Al ser el propio Ulises el que cuenta sus aventuras, estas  adquieren una mayor viveza y aproximación al receptor. También es de resaltar la viveza y naturalidad de los diálogos en estilo directo que agilizan la narración. Otro detalle a comentar, es alguna diferencia con la Iliada: si aquélla era, una narración de campañas guerreras en tierra, la Odisea es una novela marinera, como se puede observar en este fragmento comentado; la primera era más realista, mientras ésta es más fantástica, como es el enfrentamiento de los hombres de Ulises con Ciclope.
El tratamiento narrativo que se otorga al héroe es muy interesante. Toda la narración, el fragmento también, pretende endiosar al héroe. Hay muchos detalles que van encaminados a ese fin. Por ejemplo, la temeridad de permanecer en la cueva cuando Ciclope no estaba por empeño personal de Ulises, cuando sus hombres le pedían que abandonaran su morada con los víveres que le habían sustraído; la segunda vez, cuando se alejan con el barco de la isla y Ulises se empeña en provocar al monstruo, cuando su tripulación le pide que no le moleste; y en este mismo pasaje, cuando el propio protagonista asume él solo la heroicidad de dejar ciego al gigante y de escapar de su cueva al decirle su nombre, la genealogía y la procedencia… Muchas cualidades le atribuye el narrador, pero la de ser modesto y humilde, no. Obviamente, el narrador presenta a un personaje con una cualidad fundamental, que acrecienta en cada uno de los episodios de la historia: la astucia y por eso atribuye todo el mérito a él, minusvalorando otras factores como el compañerismo o la solidaridad. El propio Ciclope resalta la principal habilidad del protagonista cuando reconoce que ha sido un débil hombre, pero astuto, el que le ha logrado vencer.
Por último, comentar dos aspectos relacionados y muy importantes en la narración: la adivinación y el papel de los dioses.
El destino de los personajes está escrito y poco pueden hacer para cambiarlo por mucho que se empeñen, con lo cual su voluntad no cuenta mucho. A Ciclope ya le habían anticipado lo que le esperaba; Telémaco Aurímida, el adivino de los ciclopes, le predijo que Odiseo le dejaría ciego.
Por otra parte, el propio Ciclope se dirige a su padre Poseidón, dios del mar, para que castigue a Ulises. Y las peticiones del monstruo se cumplen. Desde el punto de vista narrativo, esto tiene interés, porque está anticipando al lector lo que ocurrirá (prolepsis); es decir, está adelantando detalles del final y de lo que sucederá más adelante en el curso de la historia. Y, además, está justificando narrativamente las vueltas que el personaje da por el Mediterráneo.
La otra referencia a una deidad la encontramos al principio, cuando Ulises reprocha a Ciclope que quien realmente ha tomado la decisión de herirlo ha sido Zeus por no honrar a los huéspedes como regían las normas de hospitalidad. Aquí, en este fragmento, como en la obra, los comportamientos de los hombres no pasan desapercibidos a los dioses, que toman sus medidas inmediatamente para corregir o castigar las conductas que no se ajustan a las normas. Su presencia y participación en la narración es significativa y desde el punto de vista narrativo son tratados como un personaje más.



[1] Timón de la nave.
[2] ponto. (Del lat. pontus, y este del gr. πόντος). m. poét. mar.
[3] Palo largo o varal con que los barqueros hacen fuerza en la arena para desencallar o para hacer andar los barcos.
[4] (Del lat. caerulĕus) adj. Dicho del color azul: Propio del cielo despejado, o de la alta mar o de los grandes lagos.
[5] Se supone que los hechos a los que se refieren ocurrieron aproximadamente en el 1200 a. de Cr.
[6] La anadiplosis es un recurso literario que consiste en la repetición de la misma palabra o grupo de palabras al final de un verso y al comienzo del siguiente.1 2 El uso continuado de anadiplosis se denomina concatenación (...a/a...b/b...c/c...).

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